El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, logró reafirmar su autoridad al frente del fútbol mundial al recibir el apoyo total del Consejo de Administración del organismo, tras una reunión de emergencia celebrada en Rabat el miércoles 5 de agosto. La sesión se convocó en respuesta a la crisis desatada por la revelación de un plan para crear una filial, FIFA Forward Enterprise (FFE), que organizaría la Copa Mundial masculina y otros eventos, con una participación de hasta el 20 % que se ofrecería a inversores externos.
La presión para que dimitiera, especialmente por parte de la UEFA y la Conmebol, no logró quebrar el respaldo que Infantino obtuvo de los altos cargos de la FIFA. Según un comunicado emitido tras la reunión, se reconocieron los errores cometidos en relación con el plan de privatización, pero los presentes reafirmaron su apoyo total al presidente y advirtieron que la FIFA 'ya no tolerará ningún ataque a su integridad, buen gobierno y debido proceso'.
El ascenso de Infantino
Giovanni Vincenzo Infantino nació el 23 de marzo de 1970 en Brig, Suiza, de padres italianos. Estudió Derecho en Friburgo y en 1997 se convirtió en secretario general del Centro Internacional de Estudios Deportivos de la Universidad de Neuchâtel, fundado dos años antes con colaboración de la FIFA. En 2000 se unió a la UEFA, donde ascendió hasta ser secretario general en 2009. Su rostro se hizo familiar entre los aficionados al presentar los sorteos de la Champions League y la Eurocopa.
La presidencia de la FIFA se abrió para él en 2015, tras el escándalo de corrupción que terminó con siete arrestos en Zúrich. Aunque Joseph Blatter ganó la reelección, anunció su dimisión días después. Infantino se presentó como candidato de regeneración y, tras la retirada de su jefe Michel Platini, se impuso en febrero de 2016 al jeque Salman bin Ibrahim al Khalifa de Baréin. 'Restauraremos la imagen de la FIFA', prometió entonces.
Una década de crecimiento y polémicas
Bajo su mandato, la FIFA ha vivido un aumento sin precedentes de sus ingresos, que culminó en el Mundial de 2026, el primero con 48 equipos y 104 partidos. Aunque las cifras finales no se han anunciado, se espera que superen los 5.800 millones de dólares que la organización ganó en 2022. Infantino ha adelantado que podrían ser el doble, gracias también al sistema de venta de entradas con precios dinámicos y la reventa con comisiones del 15 %.
En lo deportivo, ha sido criticado por las pausas para hidratación y por la suspensión de la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun tras una llamada del presidente Trump, aunque él lo niega. También se le cuestiona por no interceder en disputas sobre visados para aficionados, funcionarios e incluso un árbitro somaliano, así como por el trato al equipo iraní en Estados Unidos.
Entre sus controversias más notables figuran la destitución de los presidentes del Comité de Ética en 2017, el fallido acuerdo de 25.000 millones de dólares por los derechos del Mundial de Clubes y la Liga de Naciones, y la presunta acusación de abuso de poder por reunirse en secreto con el fiscal jefe suizo, caso que fue archivado por falta de pruebas. En diciembre de 2025, entregó al presidente Trump el recién creado Premio de la Paz de la FIFA.
La crisis por la privatización
La UEFA condenó enérgicamente el plan de privatización parcial de la Copa del Mundo y amenazó con boicotear todos los eventos de la FIFA. Tras la marcha atrás de Infantino, la UEFA dijo que había perdido la confianza en la actual directiva y amenazó con acciones legales. La reunión en Rabat fue la respuesta del presidente para asegurar el respaldo interno, aunque la oposición de los organismos continentales persiste.









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