A poco más de una semana para el inicio de LaLiga Hypermotion, el Girona vuelve a transitar un terreno conocido: el mercado apenas se ha movido de forma oficial y la sensación, tanto dentro como fuera del club, es la de revivir un guion que ya trajo consecuencias en las dos últimas temporadas. Sea por decisión propia, por complejidades varias o por limitaciones económicas, la dirección deportiva se ve obligada a construir el equipo a contrarreloj.
Hasta ahora, Iván Morante es el único fichaje realmente confirmado este verano. Las incorporaciones de Izan González y Oleksandr Pyshchur estaban cerradas desde hacía meses. Mientras tanto, la plantilla presenta posiciones claramente debilitadas, especialmente en defensa, donde Quique Álvarez apenas dispone de dos centrales del primer equipo y podría quedarse también sin un lateral si Àlex Moreno o Arnau acaban saliendo.
Precedentes que preocupan
Los antecedentes no invitan al optimismo. En la temporada posterior a la clasificación para la Champions, el Girona sobrevivió por un solo punto tras un mercado marcado por la llegada de futbolistas con salarios elevados y un rendimiento inferior al esperado.
El pasado curso la situación fue más evidente: el conjunto gironí fue uno de los últimos de LaLiga en completar su plantilla, no ganó hasta la séptima jornada y Míchel llegó a reconocer públicamente que el equipo había perdido las cinco primeras fechas por la falta de tiempo para integrar a los nuevos fichajes. Esa dinámica terminó en un descenso agravado por una racha final de ocho jornadas sin victorias.
Salidas pendientes y margen limitado
El escenario actual vuelve a ser un déjà vu. Aunque el Girona cuenta con más de 25 futbolistas en propiedad, varios no continuarán. Los casos de Ounahi y Tsygankov siguen pendientes y condicionan buena parte del mercado: mientras no haya salidas, no podrán llegar refuerzos. Además, la entidad necesita liberar fichas y salarios heredados de la temporada de Champions para tener margen de maniobra.
No es un contexto nuevo. El verano pasado, Yangel Herrera llegó a plantearse abandonar el club al no percibir un proyecto definido durante las primeras semanas del mercado. Hoy, pese a que el Girona parte como uno de los aspirantes al ascenso, la ilusión no termina de instalarse entre una afición que observa con preocupación la escasa actividad.
Quique Álvarez afronta así un riesgo similar al de Míchel hace un año: comenzar la competición con una plantilla por construir, expuesta a salidas de última hora y con poco tiempo para adaptar a los nuevos. El reloj avanza y el club aún no resuelve las piezas clave de su mercado.










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