La denuncia por abuso sexual de una periodista deportiva contra cuatro futbolistas de Vélez Sarsfield, ocurrida durante una concentración del equipo en Tucumán, a unos 1.200 kilómetros de Buenos Aires, alteró los planes por el Día Internacional de la Mujer en marzo de 2024. Cynthia Conforto, al frente del Departamento de Géneros del club, recibió una avalancha de llamadas en vísperas del 8M. La institución revisó protocolos, consultó a su área legal y decidió desvincular a los jugadores. La causa penal no llegó a juicio: los cuatro fueron sobreseídos y algunos fueron contratados por otros clubes.
El episodio no fue aislado. Sebastián Villa, jugador de Boca Juniors, había sido denunciado por violencia de género y fue condenado en 2023 por agredir y amenazar a su expareja. Un análisis federal de clubes deportivos argentinos presentado en 2022 por el entonces Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) reveló que el 9 % de las instituciones que respondieron declaró haber tenido casos de violencia de género. Entre esos mismos clubes, solo el 19 % contaba con un protocolo para abordarlos, mientras un 62 % dijo no haber recibido talleres de formación en género o derechos humanos. El organismo que realizó el estudio fue disuelto por el Gobierno de Javier Milei en 2024.
Capacitaciones y cambios estructurales
La denuncia que sacudió a Vélez aceleró las capacitaciones sobre género, violencia y diversidad. Mientras las cámaras hacían guardia en la puerta y el caso se encendía en redes sociales, el Departamento de Géneros impulsó formaciones "en cascada, desde arriba hacia abajo", según Conforto. El proceso comenzó por la comisión directiva, tomando como base la Ley Micaela, que exige formación en género y violencia contra las mujeres. Luego alcanzó a relaciones públicas, viajes y turismo, la escuela y la pensión del club donde se forman los aspirantes a futbolistas más jóvenes, y también a los socios.
Esas iniciativas no bastaban mientras las mujeres permanecieran fuera de las mesas de decisión. En Vélez, la comisión directiva tiene nueve mujeres entre sus 29 integrantes, una composición que Conforto califica de histórica. Pero el machismo atraviesa las sociedades y rige en el fútbol con reglas propias, arraigadas durante generaciones. El sociólogo Pablo Alabarces lo llama la "ética del aguante": "Vos sos macho y tenés que demostrar que sos macho. Es decir, esa violencia no es optativa, es un mandato".
Desigualdades persistentes en el fútbol femenino
Florencia Enera preside el Departamento de Fútbol Femenino de Vélez. El equipo compite hoy en Primera B, después de haber jugado en Primera División en 2025, cuando algunas futbolistas firmaron sus primeros contratos profesionales. Pero llegar a la máxima categoría no eliminó las desigualdades de género: persisten en la asignación de canchas para entrenar y en la alimentación posterior a los entrenamientos. Mientras los varones tienen almuerzo provisto por el club, ellas tuvieron que pelear por frutas, yogures y barras de cereal. "Conseguirlas fue una lucha", relata Enera.
La brecha más grande está en los ingresos. "Una mujer no puede vivir de su sueldo de futbolista en Argentina, algo que seguramente sucede también en toda América Latina. En cambio, un jugador quizás puede hasta mantener a toda su familia. La diferencia es notoria", aclara. En el reparto de recursos pesan la venta de jugadores, los contratos y la publicidad, que dan al fútbol masculino un peso económico mayor. Esa prioridad también se refleja en patrocinios y apoyos. La desigualdad persiste incluso cuando las jugadoras consiguen lo propio: Marolio, una empresa argentina de alimentos, puso su marca en la camiseta del equipo femenino y entregó productos como parte del acuerdo, que terminaron destinados al hotel del predio que usaban los varones, al que ellas no tenían acceso. "Ni cuando generás recursos te vuelven a vos", dice Enera.
Protocolos y cláusulas contractuales en Huracán
En la sede de Huracán, en Parque Patricios, zona sur de Buenos Aires, Sol Rodríguez, integrante de la Comisión Directiva y presidenta de la Subcomisión de Género, cuenta una historia similar a la de Conforto: la pasión por el club empezó en casa. "Yo soy hincha de Huracán por mi mamá", dice Rodríguez, cuarta generación de su familia en ese barrio porteño. Conforto llegó a Vélez por su padre. Con los años, ambas pasaron de alentar a sus equipos a trabajar en sus dirigencias.
Huracán aprobó en 2020 un protocolo para prevenir la violencia de género y recibir denuncias de forma confidencial. Meses antes había atravesado una situación similar a la de Vélez: los futbolistas Walter Pérez y Federico Marín fueron detenidos tras una denuncia por violación grupal en Villa Carlos Paz, provincia de Córdoba. "Tuvimos que impulsar cambios en los contratos de los jugadores", explica Rodríguez. Una de las cláusulas incorporadas exigía conocer y respetar el protocolo de género; la otra, que el club puede apartar al futbolista sin indemnización ante una denuncia penal por violencia de género.
Rodríguez visita de vez en cuando al plantel profesional. Conoce al gerente de fútbol masculino y a los jugadores, con quienes comparte un grupo de WhatsApp por si necesitan contactarla. En las charlas sobre género, algunos arrancan con indiferencia: "Al principio son muy 'eso no me importa'. Pero cuando empiezan a reconocer situaciones que podrían atravesarlos, se van copando y van viendo que estamos hablando de temas que te pueden pasar".
Hay una fórmula que Rodríguez no abandona: estar. Ir a los partidos, acercarse a los entrenamientos, conocer y conversar con los profesores de cada deporte. También estar cerca de donde se toman las decisiones: hablar directamente con el presidente del club, discutir con él y participar de la cotidianeidad de la dirigencia. "Si vos formás parte del día a día del club y acompañás a los empleados, a los deportistas, a los socios, evitás que ocurran ciertas cosas", cuenta.
El machismo y las resistencias forman parte de una cultura que excede al fútbol. Rodríguez las compara con una silla que lleva tantos años en el mismo lugar que, aunque estorbe y lastime a quienes pasan, siempre aparece alguien dispuesto a defenderla. Moverla lleva tiempo. Por eso elige quedarse en Huracán, incluso cuando no comparte todas las decisiones: "Si yo no sé mantenerme en este lugar, lo pierdo". Es en esa persistencia donde también empieza el cambio.










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