Las dirigencias de Alianza Lima y Universitario de Deportes fueron cuestionadas por el periodista deportivo Eddie Fleischman, quien sostuvo que ambas han cedido su capacidad de decisión ante la presión de los hinchas en redes sociales. La crítica la formuló durante el programa Juego Cruzado, según recogió Infobae Perú.
Para el comunicador, el problema no es circunstancial: las directivas ya no gobernarían con criterio propio y medirían cada movimiento según la aprobación popular antes de ejecutarlo. Esa dinámica, a su juicio, expone una fragilidad estructural en dos instituciones llamadas a marcar el rumbo del fútbol peruano.
El diagnóstico: filtraciones para medir la reacción
Fleischman sintetizó su posición con una frase que generó debate en el panel: “Las directivas de Alianza y de la U han sido secuestradas por la presión de las redes sociales y de la hinchada”.
Según su análisis, el mecanismo opera de forma casi sistemática: antes de confirmar una incorporación o ratificar a un integrante del cuerpo técnico, las dirigencias filtrarían nombres al entorno mediático para medir la reacción del público. Si la respuesta es negativa, el movimiento se frena; si hay respaldo, avanza. “En vez de tener las directivas sus propias políticas, sus convicciones, no ir con la marea e ir probando. A ver, soltamos este nombre, ¿funciona o no? No, la gente lo rechaza”, graficó durante la emisión.
El periodista consideró que esa forma de gestionar no constituye estrategia, sino improvisación disfrazada de escucha activa, y advirtió que el costo recae en la coherencia institucional y en la planificación deportiva de largo plazo.
El contrapunto: el caso Guede
La lectura de Fleischman no fue unánime. Uno de los panelistas de Juego Cruzado planteó un ejemplo concreto: si las redes sociales gobernaran realmente las decisiones de Alianza Lima, el técnico Miguel Ángel Guede ya no seguiría al frente del equipo. El argumento apuntaba a que la presión digital sobre el entrenador ha sido sostenida e intensa, sin que su continuidad se interrumpiera. “Si fuera así, Guede ya estaría fuera hace rato”, insistió, en referencia a los cuestionamientos acumulados tras resultados adversos, incluida una derrota ante Boys que encendió las críticas en redes.
Fleischman precisó entonces su postura: “Yo no he dicho que toman las decisiones, los condiciona demasiado”. La distinción es relevante, pues no afirma que las directivas obedezcan ciegamente al ruido digital, sino que ese ruido actúa como un factor de condicionamiento permanente que distorsiona la toma de decisiones. Bajo esa óptica, el caso Guede no refutaría su tesis, sino que la matizaría: la continuidad del técnico se sostendría porque los resultados aún le dan oxígeno, no porque la dirigencia haya blindado su criterio frente a la presión externa.
El periodista Horacio Zimmerman aportó un dato de contexto durante el intercambio: Guede llegó a despedirse del plantel de Alianza y fue el delantero Paolo Guerrero quien lo convenció de quedarse en el camino hacia una conferencia de prensa. Para Fleischman, ese episodio ilustra la inestabilidad que rodea las decisiones del club.
Convicción versus marea: el modelo de gestión en debate
Más allá del caso puntual, el intercambio abrió una discusión de fondo sobre el modelo de gestión que deberían adoptar los clubes grandes del fútbol peruano. Fleischman fue explícito: “En lugar de ir con la marea y dejarse llevar por ella, deberían defender sus propias políticas y convicciones”.
El planteo coloca a las dirigencias ante una disyuntiva que excede lo deportivo. Administrar un club masivo en la era de las redes sociales implica convivir con una opinión pública que reacciona en tiempo real, amplifica cada error y exige respuestas inmediatas. El desafío, según el periodista, no es ignorar ese entorno, sino no subordinarse a él.
Los panelistas que cuestionaron su tesis reconocieron que la presión mediática existe y tiene peso, aunque sostuvieron que las directivas conservan márgenes de autonomía más amplios de lo que Fleischman sugiere. El debate no cerró con un veredicto unánime, pero dejó expuesta una tensión entre la gestión institucional con visión y la gestión reactiva que busca, ante todo, no perder la aprobación de las tribunas virtuales.










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