Huánuco no necesita más discursos para explicar por qué falta agua, por qué hay cortes, por qué la presión baja sin aviso o por qué la población sigue pagando por un servicio que no recibe con dignidad. La crisis de Seda Huánuco dejó de ser un problema técnico para convertirse en una muestra de fracaso institucional. Pero tampoco puede ser usada como salvavidas político por una gestión municipal que, hasta hoy, ha dado muy pocas señales de eficiencia, liderazgo y resultados.
La renuncia de Borist Nieves en OTASS, la presión sobre la gerencia de Seda Huánuco, el cuestionamiento a los medidores, la existencia de redes antiguas y la promesa de un plan específico para el canal central muestran un escenario evidente: la empresa prestadora está desbordada. No basta con decir que existe un plan reactivo aprobado en enero si la ciudadanía sigue viviendo entre restricciones, dudas y desconfianza.
Seda Huánuco tiene que asumir que su principal problema ya no es solo operativo. Es de credibilidad. Cuando una población no sabe si mañana tendrá agua, cuando los usuarios sienten que pagan por un servicio deficiente y cuando las autoridades se reúnen sin resolver el punto central, la explicación técnica pierde fuerza frente a una realidad cotidiana: el sistema no responde como debería.
Pero sería un error permitir que el alcalde Antonio Jara convierta esta crisis en una plataforma para limpiar el deterioro de su propia imagen política. Su gestión municipal también arrastra un balance pobre, marcado por falta de resultados visibles y una desconexión creciente con el malestar ciudadano. Exigir cambios en Seda Huánuco puede ser legítimo, pero no convierte automáticamente al alcalde en vocero incuestionable de la indignación popular.
Huánuco está atrapado entre dos gestiones que no han estado a la altura. Por un lado, una EPS que no logra garantizar confianza, continuidad ni respuestas convincentes. Por otro, una municipalidad que pretende levantar la voz sobre el agua mientras su propia administración acumula cuestionamientos y decepción ciudadana. La población no tiene por qué elegir entre una mala empresa y una mala gestión política.
La salida no está en reuniones tensas, actas no firmadas ni comunicados defensivos. Está en decisiones verificables: responsabilidades claras, cronogramas públicos, información transparente sobre cortes, sustento técnico sobre medidores, plan real para el canal central y rendición de cuentas sobre cada medida anunciada. Lo demás seguirá siendo ruido.
Huánuco merece algo más que pugnas entre autoridades debilitadas. El agua no puede seguir siendo usada como excusa, bandera o cálculo político. Es un derecho básico y un servicio esencial. Seda Huánuco debe responder por su ineficiencia. La gestión de Jara debe responder por su pobre desempeño. Y OTASS debe dejar de administrar la crisis como si el tiempo de la población no tuviera valor.
El ciudadano ya no espera discursos. Espera agua segura, continua y suficiente. Ese es el punto. Todo lo demás es reputación en disputa.










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