Debe atenerse a las consecuencias

En el primer día de labores escolares, estaba prevista la presencia del ministro de Defensa, José Gaviria, y eso lo sabía el gobernador y todos sus colaboradores y defensores. Pero el gobernador prefirió esconderse y no dar la cara ni al ministro, ni a los padres de familia, ni a profesores ni, por supuesto, a los niños. Como sabemos, más para mal que para bien, es el representante del Gobierno Regional de Huánuco y como tal debería hacer acto de presencia en tan importante día.

Pero, curiosamente, no estaba ni en el evento, y probablemente tampoco en la ciudad. Su defensor de oficio, su gerente de Imagen, justificó la ausencia de su jefe Alvarado porque tenía una reunión virtual y por eso dejó plantado al ministro y a todas las autoridades que se dieron cita en este primer día de clases.

Fiel a su estilo de escudero, el jefe de Imagen señaló que la reunión virtual era muy urgente, pero no se sabe con quién pues todas las altas autoridades se habían desplazado a nivel nacional para recibir el año escolar.

Lo más probable es que no quería enfrentar esa situación ni las preguntas de la prensa porque la audiencia de prisión preventiva se celebraba el día martes, o sea ayer. Como decían los antiguos, Alvarado se hacía la “pichi” de miedo, pero para su suerte se postergó la audiencia.

No le interesó realmente la falta de respeto a las autoridades ni a la población en general. De hecho, nunca le interesó nada de eso, solo le importó cómo beneficiarse económicamente él y su grupo.

Esta actitud realmente no le hace nada bien al señor gobernador, quien ahora huye de los cuestionamientos por las compras de laptops y otras denuncias, dando a entender que todo lo que dijo anteriormente simplemente fue una mentira.

El ministro fue muy tajante al decir que Alvarado debe atenerse a las consecuencias de sus actos, pues como funcionario debe cumplir y actuar dentro de la ley. En una sola frase, el ministro de Defensa afirmó que el gobernador debe responder por el cargo que ocupa y no estar delegando a terceras personas la responsabilidad que se le ha encomendado.

Si no tiene nada que esconder, debería de dar la cara y responder por sus actos, pero como es sabido es todo lo contrario: su gestión ha estado y sigue estando involucrada en serios actos de corrupción, y como buen cínico y mitómano tiene enorme facilidad de mentir.

Lo cierto es que escuderos y ayayeros no lo van a salvar de la cárcel y, probablemente, ni lo vayan a visitar una vez adentro.