Por Arlindo Luciano Guillermo
Cuatro visiones intelectuales y académicas desde trincheras diferentes. Mujeres vigentes en el teatro, el periodismo, la literatura y el ensayo. Cuatro entrevistas donde se abren las compuertas de la confesión y las propuestas: Irene Vallejo: “Es muy importante reivindicar una lectura crítica, no debemos creer todo lo que contiene un libro” (La República. 11-12-2024), Leyla Guerreiro: “Hay una enorme diferencia entre vender autos y hacer periodismo” (La República. 13-12-2024), Mariana de Althaus: “Si el teatro no incluye la preocupación por tu país, es teatro para una burbuja” (La República. 7-12-2024) y Mercedes Monmany: “Son épocas en las que no caben los tonos tenues, grises, indeterminados. Hay que elegir. Y la elección no es otra que el compromiso con lo justo” (La República. 7-12-2024).
Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), filóloga, Premio Nacional de Ensayo 2020 en España, estuvo recientemente en el Ay Arequipa 2025, autora de El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo (2019), traducido a 32 idiomas. Irene ha convertido al libro impreso -sin despreciar el digital ni la inteligencia artificial- en el eje de estudios, ensayos e investigaciones. Sostiene que “el libro es un gran superviviente. Muchas veces ha parecido estar en gravísimo peligro por distintos motivos, por la caída de imperios, por saqueos, por catástrofes, y durante épocas en las que los índices de alfabetización eran bajísimos y los libros eran solo el privilegio de unas élites muy favorecidas. La historia del libro tiene momentos de esplendor y luego de retrocesos, persecuciones, censura, hoguera, catástrofes, evoluciones de las bibliotecas y un esfuerzo muy importante de democratización del acceso a los libros y a la lectura”. El libro, incluso en regímenes democráticos, están entre la persecución (peligro para el poder) y la conservación de la memoria histórica (testimonio de una época y un pensamiento). Para los nazis los libros eran perniciosos, quemaron libros contrarios a la ideología racista y antisemita de Hitler; El lazarillo de Tormes -una novela picaresca inofensiva que puede ser leída por adolescentes sin ninguna censura- fue prohibida porque atacaba severamente al clero de la España medieval; Las flores del mal de Charles Baudelaire mereció un comparendo ante la justicia francesa, el poeta retiró algunos “poemas indecentes” que afectaba la moral francesa. Un libro puede ser nocivo o “alimento espiritual” para el lector. ¿A quién ocasionaría daño Cien años de soledad? Irene exhorta a practicar la lectura crítica, no confiar en un solo libro. El infinito en un junco es tan necesario y provechoso como Sapiens o Nexus de Yuval Harari, antes que lecturas de escasa reflexión y ficciones liliputienses. Dice Irene: “Sin los libros seríamos olvido (…) los libros son nuestra mayor victoria frente al olvido y la destrucción. Todo lo destruye el tiempo y el olvido, si no le colocamos unos diques a esa marea del olvido, y esos diques son esencialmente los libros”.
De Mariana de Althaus (Lima, 1974), solo tengo La literatura es fuego (2019), obra teatral sobre la vida de Mario Vargas Llosa y el impacto del Premio Nobel de Literatura. Dice: “El teatro es necesario que interpele, estamos en un momento grave. No se trata de angustiar al público, pero hay que generar reflexión hacia temas que no queremos ver”. Su trabajo teatral revela “obsesiones personales”: “vínculos entre padres e hijos y la maternidad”. Sienta su posición de dramaturga sobre el qué hacer artístico y cultural: “Todo es político y no puedes darle la espalda a la realidad porque somos todos responsables de lo que está pasando. Y si el teatro no incluye esas preocupaciones, es un teatro para una burbuja y eso no me interesa”. Mariana ha escrito La vida en otros planetas (crisis de la educación pública), Detrás ruge el lago (versión particular de La gaviota de Chéjov), El sistema Solar (tragicomedia familiar), etc. Son “los políticos (…) impresentables, absolutamente despreciables”, comenta con enfado. Para Mariana, el teatro refleja la realidad social y cotidiana, el dramaturgo asume una responsabilidad creativa, los actores hacen un trabajo de sobrevivencia y pasión, el público es el juez que va a ver las obras de teatro. Mercedes Monmany (Barcelona, 1957), escritora y crítica literaria, estudió en la Universidad Complutense de Madrid, especialista en literatura contemporánea europea. De ella no he leído nada. Ha escrito el ensayo Sin tiempo para el adiós. Exiliados y emigrados en la literatura de los siglos XX y XXI (2021); además, Por las fronteras de Europa (2015) y Ya sabes que volveré. Tres grandes escritoras en Auschwitz: Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum (2017). Publica ensayos periodísticos en El País y ABC de España. Mercedes hace suya la opinión de la poeta y activista británica Nancy Cunard (1896–1965): “La actitud ambigua, la torre de marfil, el distanciamiento irónico, lo paradójico, ya no sirven”. “Es la lucha eterna de civilización contra barbarie”, puntualiza. El artista, afirma, debe elaborar “una obra personal, más allá de censuras, amenazas y cualquier forma de impedimento que la desvirtúe o coacte”. Leila Guerriero (Argentina, 1967), escritora, periodista y cronista. De ella solo dispongo dos libros digitales: Zona de obras (2014) y Frutos extraños Crónicas reunidas 2001-2008 (2009). Leer los trabajos periodísticos de Leyla es ingresar al fascinante mundo de la escritura vivencial, al discurso periodísticos coherente y cercano a la realidad social y política; se percibe el magisterio de Gabo: “el periodismo es un género literario”. En “Sobre algunas mentiras del periodismo” dice: “…yo soy periodista, pero no sé nada de periodismo. Y cuando digo nada, es nada: no tengo idea de la semiótica de géneros contemporáneos, de los problemas metodológicos para el análisis de la comunicación o de la etnografía de las audiencias”. Acaba de publicar La llamada (2024), “obra maestra del periodismo narrativo”, seis ediciones: “Silvia Labayru fue secuestrada y llevada a la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), en donde fue torturada, violada y usada. Cuando creyó que había quedado libre de este calvario, fue víctima de la condena social por haber, precisamente, sobrevivido”. Dice: “El horror no se puede contar con poesía”.
Necesitamos más mujeres en la escena política, social y cultural. Las mujeres estudian en la universidad, ejercen cargos públicos. El feminicidio crece. Irene, Mariana, Leyla y Mercedes nos alegran la vida, hace que sigamos con la esperanza de que sí es posible una sociedad justa, solidaria, con bienestar, donde la valoración de la palabra y la actuación correcta sean las normas de convivencia democrática. Pensar diferente no genera enemistad, nadie se convierte en un camarón rojo solo por discrepar. La disensión es un derecho legítimo en un régimen democrático y tolerante con la crítica y el cuestionamiento argumentales. Las verdades infalibles no existen; solo la corrección y autocorrección permitirán que la sociedad se sostenga con los ojos abiertos y con ejercicio pleno de la libertad y la pluralidad.




