Por Rodrigo Portales Fídel
Desde hace unos años el Perú es una de las plazas más importantes de consumo de cine de terror en Latinoamérica. Tanto es así que en el último año se estrenaron unos 20 filmes de este género en poco más de dos meses. Según la página Cinencuentro, en 2022 el 23% de las películas en salas del país fueron de terror o sus variantes, unos 59 títulos. Este apego masivo del público suele ser atendido por las distribuidoras con clásicos añejos como El Exorcista, alguna franquicia de temporada como Scream, Insidious o Evil Dead, pero mayormente con cualquier otro producto sin que importe mucho su calidad o procedencia, con la única condición de que haga saltar al público de sus asientos.
Si bien la demanda por este tipo de contenido es atendida, es recomendable separar la paja del trigo y andar con cuidado con las engañosas traducciones de los títulos de cada estreno. Es el caso de “Toc Toc Toc: el sonido del mal” cuyo nombre original en inglés es “Cobweb” (telaraña) que dirige Samuel Bodin en su debut cinematográfico. Su premisa desarrolla tópicos del género que hemos visto en decenas de filmes asociados a entes ocultos que amenazan e irrumpen en un entorno familiar situado en un suburbio norteamericano. Peter, un niño de ocho años, sufre terrores nocturnos que tienen a sus padres al límite de su paciencia. Su insistencia en que algo dentro de las paredes de su habitación golpea toda la noche se la atribuyen a su imaginación. En tanto, la vida del introvertido Peter en el colegio no es nada agradable por el bulling que sufre, pero su profesora se dará cuenta y comienza a sospechar que hay algo oculto en casa, un siniestro secreto que sus padres le han ocultado y que los pondrá a todos en peligro.
Sin ser nada original, la película desarrolla una intriga que se sostiene en su primera mitad en los elementos visuales, en una fotografía de claroscuros y sombras ominosas que se proyectan en habitaciones y paredes empapeladas de la casa familiar. El hogar de apariencia desgastada se convierte en una trampa lúgubre que esconde puertas, pasadizos y sótanos secretos. Funciona también la caracterización algo paródica de los padres del niño, que de amorosa se trastocará en psicótica y paranoica en relación con un hecho del pasado. Otro detalle es el huerto de calabazas en el traspatio de la casa que alude al Halloween y al momento en que transcurre la historia. La influencia del clásico de John Carpenter de 1978 pesa ineludiblemente en más de una escena o referencia, aunque a “Cobweb” se le sienta más afín a un cuento de terror con ribetes fantasiosos que a una slasher movie (subgénero de asesinos seriales).
A pesar de su elemento sobrenatural (y arácnido que no se atreve a explorar) no se logra articular con convicción y coherencia las piezas de una película de terror que se sienta realmente desarrollada. La trama está plagada de desvíos, pasos en falso y momentos predecibles. Un relato sencillo -más idóneo para contarlo desde un cortometraje- que muestra sus cartas demasiado pronto, haciendo que el misterio e intriga se agoten con rapidez y que acude al socorrido recurso de los golpes de efecto para cerrarlo con un desenlace bastante trillado.
☆ Calificación: 6/10
Ficha técnica: País y año: Estados Unidos, 2023. Dirección: Samuel Bodin. Guion: Chris Thomas Devlin. Fotografía: Philip Lozano. Música: Drum & Lace. Edición: Kevin Greutert, Richard Riffaud. Elenco: Woody Norman, Lizzy Caplan, Antony Starr, Cleopatra Coleman. Duración: 88 minutos.
Disponible en Cineplanet Huánuco Real Plaza




