CRÍTICA DE CINE | EL CONDE

Por Rodrigo Portales Fídel

Coincidiendo con los 50 años de la conmemoración del golpe de Estado de Augusto Pinochet, se ha estrenado en Netflix «El Conde», la décima película del director Pablo Larraín que representa al dictador chileno como un decadente vampiro de 250 años de vida, un general anciano que sobrelleva el hastío de su eternidad en el destierro. Lo vemos confinado no en un castillo –tópico usual del cine de horror– sino en una finca en medio de un paraje frío y desolado, que asemeja un campo de concentración sembrado de lápidas y hasta de una guillotina, donde vive con su esposa Lucia, sus hijos y un mayordomo, tan monstruosos y venales como él mismo.

La voz de una narradora de acento británico cuenta la historia de este personaje – el soldado desertor francés de herencia vampírica Claude Pinoche– cuyo origen se remonta a la Francia del siglo XVIII previa a la Revolución de 1789, relacionando su estirpe malévola y asesina con la caída del despotismo y la posterior ejecución de los reyes Luis XVI y María Antonieta. El ingenioso como bizarro guion, escrito por el director y Guillermo Calderón, le inventa esta ascendencia como una inclemente metáfora de los autoritarismos que han recorrido la historia contemporánea y que se proyectan hasta el Chile del gobierno de Salvador Allende previo al golpe militar del 11 de setiembre de 1973.

Tras su brillante prólogo temporal, la película se centra en el retrato del dictador al que dota de una naturaleza fantástica acorde con el género. Surca los cielos de su país con uniforme y capa, acechando cual Drácula por sangre humana y descorazonando a sus víctimas, aunque cuando desciende a tierra se moviliza a duras penas con ayuda de un andador. Su apariencia es grotesca, luce desconfiado y amargado, no admite que lo acusen de ladrón y corrupto pues se considera un asesino nato de izquierdistas y opositores. En paralelo, su familia conspira a sus espaldas, intentando hallarle su fortuna, fruto del latrocinio de sus años de gobierno, que habría ocultado en algún lugar de la casa. Por ello, acuden a una joven monja fanática y exorcista que viaja a la mansión, bajo el pretexto de auditar sus cuentas y purificar su alma, para extraerle el secreto, desencadenando una trama de traiciones, violencia y muerte.

A Larraín le interesan las biografías de personajes históricos, ha retratado a Pablo Neruda, Jacqueline Kennedy y Diana Spencer. También ha recreado momentos relacionados con el ascenso de Pinochet al poder y sus posteriores y traumáticas secuelas en la sociedad chilena, en películas como «Tony Manero», «Post Mortem» y «No».  En esta ocasión, realiza una nueva incursión en el biopic con su acostumbrado estilo que rompe las convenciones, tanto fragmentando el retrato como estilizándolo. «El Conde» sintetiza de algún modo esas preocupaciones presentes en su obra, aunque reformulándolas mediante recursos del cine de género. En las imágenes confluyen personajes guiñolescos, momentos explícitos de gore, música clásica y una espléndida fotografía en blanco y negro que evoca los climas tenebrosos de los clásicos del expresionismo alemán.

Lo mejor de la película se encuentra en su acabado visual, y en algunas escenas que saben sacar provecho de su carga simbólica sin ser retóricas ni literales en el mensaje, como por ejemplo la del vampiro visitando el Palacio de La Moneda, sede de la presidencia, donde constata que su efigie no aparece en la galería de mandatarios chilenos, pero cuya amenaza aún se proyecta en el devenir de su país. No podemos decir lo mismo de la intriga familiar, que se torna algo confusa y absurda en su resolución, así como del desfile de cabezas parlantes recitando datos de los robos cometidos por el tirano y sus allegados. Pese a estos reparos, «El Conde » es una feroz sátira política sobre el fascismo, que destila tanto horror gótico y humor de grueso calibre, y que confirma el peculiar apego por el artificio del más internacional de los cineastas chilenos en la actualidad.

Calificación: 7.5/10

Ficha técnica: País y año: Chile, 2023. Dirección: Pablo Larraín. Guion: Pablo Larraín y Guillermo Calderón. Fotografía: Edward Lachman. Reparto: Jaime Vadell, Gloria Münchmeyer, Alfredo Castro, Paula Luchsinger, Antonia Zegers, Amparo Noguera, Catalina Guerra, Diego Muñoz, Marcial Tagle, Stella Gonet. Duración: 110 minutos.

Disponible en Netflix