Es cierto que el país necesita una reforma educativa urgente, de eso no cabe duda; sin embargo, ¿este tipo de evaluaciones, como la realizada por el Ministerio de Educación el último domingo, es la más adecuada para alcanzar ese propósito? Para el Concurso de Nombramiento de docentes, se presentaron 8899 maestros de inicial, primaria y secundaria de todo el departamento. De ellos, 600 se quedaron sin acceder al examen por tardones, independientemente de cuál fue la causa, lo cierto es que no tomaron sus previsiones, y encima reclamaron escandalosamente trepándose algunos a las rejas de los colegios.
Esta evaluación busca medir el desempeño del docente, y no, como sugieren algunos, el desaprobar a los profesores para despedirlos. Las evaluaciones buscan “incentivar el desarrollo profesional y promover las buenas prácticas docentes”, según la OEI. Sin embargo, si nos enfocamos al tipo de evaluación, se crean dudas.
No hay pólvora que inventar, si nos enfocamos en la experiencia de otros países con sistemas educativos más efectivos y sólidos que el nuestro, ejemplo Colombia y Chile, éstos utilizan indicadores y métodos diferentes para medir los distintos aspectos del desempeño docente y se realizan mediante un proceso continuo de todo el año escolar. Por su parte, en el Perú, las evaluaciones constan de solo dos instancias, una Prueba Única Nacional y otra Descentralizada. Es evidente que para medir adecuadamente las diferentes competencias del docente, no se puede usar un solo instrumento; a pesar de ello, en nuestro país basta un par de evaluaciones escritas para medir todo ello. Cabe mencionar que no hay evaluaciones sistemáticas, tampoco se mide el nivel de calidad pedagógica de forma adecuada y se obvia la medición de las responsabilidades profesionales que tiene el docente, solo por mencionar algunas.



