Escrito por: Jorge Farid Gabino González
No eran muchas las esperanzas que se podían haber tenido respecto de lo que Perú Libre podría llegar a hacer una vez que alcanzase el poder. De hecho, bastaba con echarle una sola y furtiva mirada a su alucinado plan de gobierno, con prestarle oídos, aunque fuese por unos instantes, a las delirantes afirmaciones de su candidato presidencial o a los desvaríos y exabruptos del presidente del partido, para darnos cuenta en el acto de que todo apuntaba a que la suya sería una gestión que si por algo podría llegar a ser recordada, sería sin lugar a dudas por el terrible, por el irreparable daño que le causaría al país. La cruda realidad se ha encargado de demostrarnos, sin embargo, que en materia de improvisación, que en cuestión de negligencia, el gobierno de Pedro Castillo tiene todavía muchísimas más cosas con que seguir sorprendiéndonos.
Porque ¿De qué otra manera se podría explicar el que pudiendo haber comenzado su gestión con el pie derecho, vale decir, dando muestras claras y objetivas de que tienen la clara voluntad de no buscar más confrontaciones con la oposición, hubiesen optado más bien por hacer todo lo contrario, por conformar un gabinete cuyo presidente del Consejo de Ministros resultase tan impresentable como el que elegido? ¿No existía, acaso, entre los diversos cuadros con que cuenta la izquierda nadie que pudiese hallarse en condiciones de asumir tamaña responsabilidad, y que no tuviese, asimismo, el historial de cuestionamientos de su “flamante” premier?
Pues todo apunta a que lo que estaría ocurriendo en realidad no sería otra cosa que eso que tanto se temió desde que se supo que Pedro Castillo pasaría a la segunda vuelta junto a Keiko Fujimori, esto es, que quien en verdad acabaría dando las órdenes de alcanzar Pedro Castillo la presidencia sería nadie más y nadie menos que Vladimir Cerrón, el cuestionado ex presidente regional de Junín sobre quien pesan serias acusaciones de corrupción que alcanzarían incluso al partido del cual es dueño, el mismo que sirvió, como se sabe, para llevar a Pedro Castillo a la presidencia.
Así, con un monigote de presidente que no es capaz de asumir con rigor las funciones que la Constitución le reconoce; con un individuo apocado, pusilánime, marica, jugando a que es quien toma las decisiones, cuando al parecer no manda ni siquiera sobre la ropa que viste, los peruanos en general tenemos razones de sobra para estar más que preocupados por lo que podría pasar con el país en las próximas semanas, en los próximos meses, en los próximos años, si la seguidilla de malas decisiones, de improvisaciones, continúa dándose por parte del presidente.
Lo peor de todo es que a los grandes perdedores de la pasada elección presidencial, la derecha en su conjunto, no se les ha ocurrido mejor idea que poner sobre la mesa la posibilidad de la vacancia presidencial. Con lo que, de suceder así, y encontrándonos en las circunstancias en que nos encontramos, tanto social como económicamente, casi sobra decir que nos terminaríamos de ir derechito al carajo. Que, si hay algo para lo que ya no está este pobre país nuestro, golpeado como pocos por la pandemia, es para desangrarse todavía más en absurdas guerras internas.
El Perú tiene la enorme histórica tarea de volver a levantarse, y salir adelante. Y el gobierno de Perú Libre, o, mejor, de Pedro Castillo, tiene la no menos pequeña responsabilidad de hacer todo lo que esté en sus manos para que ello suceda. Lo que pasa, fundamentalmente, por no darle motivos a sus rivales políticos para andar pidiendo la cabeza del presidente cada vez que cometa un error, vale decir, cada vez que le dé por querer convertir el país en lo que los delirios comunistas de algunos de sus más “destacados” representantes anhelan en transformar.
De lo contrario, de tomar los susodichos clara conciencia de la tremenda responsabilidad que les cupo en suerte, no solo correrán el enorme riesgo de perder soga y cabra, sino que además empujarán al país a una crisis económica y social como no se ve desde hace por lo menos treinta años. La derecha viene preparándose para que eso suceda. Serían una tira de imbéciles, que parece que lo son, para pensar que podrán hacer lo que les venga en gana sin que aquí pase nada.
Como sea, una cosa parece estar clara: se nos avecinan tiempos difíciles para todos los peruanos. Con la tercera ola del maldito coronavirus a punto de caernos encima, y la certeza, penosa, de que las decisiones del presidente seguirán provocando cada vez más descontento en la población, incluso entre quienes cometieron la insensatez de confiarle su voto, nadie nos quita de la cabeza que, como quedó dicho, se nos avecinan tiempos difíciles para todos los peruanos. Solo nos queda confiar en que en alguna parte de la cabeza del señor Pedro Castillo haya un poquito de cordura cuando menos. Una aunque fuese pequeña dosis de sensatez que lo lleve a alejarse, y cuanto antes, de su Vladimir (o). Porque, aunque comenzó su gobierno con el pie izquierdo, todavía hay mucho camino por delante.




