Alejandro Toledo Manrique se convierte en el segundo presidente en nuestra historia en ser procesado por corrupción en menos de 20 años. Ya sea por ser considerado como una vergüenza para los peruanos o como un mensaje de no más impunidad para los corruptos. Lo cierto es que su cabeza ya tiene precio como la de un vulgar delincuente. S/100 000 soles ofrece el Estado Peruano a quien dé razón del paradero de Toledo, a quien se le acusa por los delitos de tráfico de influencias y lavado de activos.
Parecía que en nuestro país era una constante que los corruptos eran favorecidos por la impunidad. Los presidentes de la República con honrosas excepciones, siempre han estado involucrados en actos de corrupción, por ejemplo Alan Damián García, con mucha habilidad ha logrado “librarse” de librarse de recibir el peso de la ley, ya sea por prescripción de los delitos o por protección de los mismos funcionarios del estado. Sin embargo, parecería estar con las horas contadas. El serio trabajo de los fiscalizadores de la justicia en el caso Toledo está demostrando que tanto el Poder Judicial como la Fiscalía desean hacer las cosas bien y sobre todo recuperar la confianza de la población. El fiscal Hamilton Castro ha demostrado mucha seriedad y valentía en su investigación contra Toledo y para quien solicitó se dispusiera 18 meses de prisión preventiva ante el juez Concepción Carhuancho. Pero, cabe resaltar que Toledo es solo la punta del iceberg. Mientras no se meta a la cárcel a los verdaderos peces gordos, será muy difícil cambiar la percepción de la gente.
Por otro lado, en el ámbito departamental, si tuviéramos la suerte de tener fiscales de la talla de Hamilton Castro, las cárceles estarían llenas de funcionarios regionales y municipales por corrupción y malos manejos de los recursos del Estado. Si tomamos como ejemplo las denuncias ocurridas durante las gestiones de Jesús Giles como alcalde provincial y Luis Picón como presidente regional, a pesar de haber existido indicios suficientes de irregularidades, éstos continúan campantes e impunes y peor aún, con planes de participar en las próximas elecciones.
No hay crimen perfecto y el dinero siempre deja huella. La justicia brasilera tiene millones de documentos incautados a Odebrecht que están siendo evaluados por peritos especializados, la justicia estadounidense también está investigando por su cuenta.
Esperamos que en algún momento estas entidades hagan el cruce debido de información para que de una vez por todas todos los involucrados paguen por corruptos.



