Como a las cuatro de la madrugada del miércoles pasado, Gabriel Eligio se despertó sobresaltado por el tremendo alboroto y la gran batahola que la turba infame hacía en la carretera, específicamente en el puente de Las Moras.
Creyendo que se trataba de un asalto, o tal vez de una trifulca de borrachos pendencieros que a esa hora estarían saliendo de La Máquina del Sabor o del Villa Cariño, tomó sus debidas precauciones antes de salir a ver qué es lo que realmente sucedía.
Cuando abrió su puerta, lo primero que vieron sus ojos fue la gran cantidad de piedras, palos y objetos diversos que habían desparramado a lo largo de toda la carretera que sale hacia el aeropuerto. Pero lo mejor estaba en el mismo puente. Allí una horda amorfa de gente exaltada empezaba a quemar llantas, poner rocas que traían de la quebrada y lanzar vivas y arengas a favor de Huánuco humillado y pisoteado; así como pedir la cárcel y hasta la horca para los corruptos desalmados.
Solo entonces, Gabriel Eligio se enteró que un autodenominado frente patriótico regional, liderado por un huanuqueño a carta cabal, había convocado a un paro de cuarenta y ocho horas, dizque para reivindicar el honor y la honra de este pueblo ya que unos advenedizos chinos estaban por llegar, y que ya entraban por la quebrada de Chaglla. Al menos esa fue la primera conclusión a la que llegó Gabriel Eligio después de conversar rápidamente con algunos huelguistas, claro está, luego de camuflarse debidamente con una larga casaca con capucha y con unas zapatillas todoterreno.
Se trataba en realidad de una masa de intolerantes cuya misión era impedir el paso de todas las unidades móviles que llegaban a esa hora desde los pueblitos del norte huanuqueño trayendo productos de pan llevar: verduras, camotes, alfalfa, duraznos, culantro, etc., etc. Esas gentes humildes no sabían por qué se les detenía, por qué quemaban llantas, por qué las arengas fanáticas y estribillos patrioteros.
Gabriel Eligio, fiel a su estilo chismoso, convenientemente embozado con su atuendo de madrugada, aparentando sorpresa se metió al bosque para conversar con los vehementes luchadores. Y lo que encontró como respuesta lo dejó anonadado e impresionado por tanta desinformación y manipulación que lindaba con lo grosera.
Lo primero que se dio cuenta es que casi todos ellos formaban parte de los diversos sindicatos de construcción civil, acaso el gremio más belicoso de todos los existentes. Y todos usaban el mismo lenguaje: estaban allí luchando por los derechos de nuestro pueblo.
Luego, Gabriel Eligio, con preguntas más sutiles percibió que esa muchedumbre, en realidad no tenía bien en claro por qué y contra qué realmente luchaban.
Uno de ellos, que corría por todos lados con un garrote en la mano decía, por ejemplo, que él conocía muy bien Chaglla pues había trabajado como obrero en esa zona y que ahora los chinos, confabulados con los corruptos, eran capaces de volar la represa, sabiendo que las aguas inundarían todos los pueblos quebrada abajo, incluso desaparecería Tingo María; y ellos, obviamente, no lo iban permitir de ninguna manera. Otro tan ofuscado como los demás dijo que Huánuco se quedará sin electricidad por dos años ya que Odebrecht le estaba vendiendo toda la corriente a los chinos y estos se lo llevarían a su país para enriquecerse vendiéndonos a mayor precio. ¡Jamás lo permitiremos, compañeros!, dijo levantando su puño.
Nosotros queremos que Chaglla no se venda, porque primero los corruptos del gobierno deben irse a la cárcel; después ya veremos qué pasa, dijo uno de buzo rojo y chullo en la cabeza.
Gabriel Eligio se dio cuenta del difícil trance en el que se encontraba. No sabía si reír, llorar o renegar. Percibió, además, lo fácil que resulta manipular a una masa apelando a los discursos patrioteros, regionalistas, aparentemente reivindicativos.
Al atardecer de ese mismo día de miércoles anunciaron que el paro se suspendía, pues el gobierno había dado muestras de diálogo. A Gabriel Eligio, que es muy suspicaz en esas circunstancias, le queda sin embargo el mal sabor de un complot maquinado por gente de alto vuelo, de un partido casi centenario interesada en que los delatores de Odebrecht (la dueña de la hidroeléctrica de Chaglla) no digan nada ante la inminencia de su colaboración premiada. Ojo ahí, como decía un colega de corazón rojo.



