CANCIONES Y COINCIDENCIAS

CANCIONES Y COINCIDENCIAS

Por Arlindo Luciano Guillermo

Obtuvo tres Grammy latinos, 30 años de trayectoria, miles de fans, vigente, compositor, músico, cantante, fama merecida, hijo de la célebre actriz Regina Alcover.  Gian Marco es un admirable y extraordinario cantautor. Así lo vimos en el estadio Heraclio Tapia León el pasado 7 de octubre. Canta, actúa, reflexiona, conversa con los tres registros del español, se ríe, suelta un ajo inesperado y, esencialmente, divierte al espectador. En la década del 90, cuando aún trajinaba bohemio y con libros de poesía debajo del brazo, hice de Una canción de amor mi himno sentimental y de cortejo. Dice el Pelado: “No soy yo; son las canciones las que perduran”. “Hasta que no vuelvas conmigo no daré la media vuelta…”. Moraleja: “La misión del artista es trascender en el tiempo, sin perder tu esencia, sin dejar de ser tú”.

Durante las clases en la universidad, el jueves último, utilicé la canción Hoy de Gian Marco como material didáctico para analizar e interpretar la información de imágenes audiovisuales. No solo se aprende leyendo. Una estudiante bajó la cabeza lentamente. Creí que tomaba apuntes. A media canción levantó la mirada y vi sus ojos vidriosos que quería dejar escapar algunas lágrimas. “Esa canción me estruja el corazón, profesor”, confiesa casi susurrando. Yo sigo con la clase. ¿Puede una canción alterar o “alborotar” las emociones? Claro que sí. Pienso en una charla (eso que llaman “escuela de padres”) donde el sicólogo hablaba con los padres de familia sobre la necesidad de darle calidad tiempo a sus hijos. 

Para sostener los argumentos de la disertación puso en alto volumen la canción No basta de Franco de Vita. La melodía y las letras salían prestas por los parlantes como saetas dirigidas a la sensibilidad de los progenitores. Se impuso el llanto y la promesa para darle calidad de tiempo a sus hijos. El auditorio era un mar lacrimógeno. La estrategia había dado resultados inmediatos.     

Las canciones son recursos didácticos cuya efectividad es mayor que solo una exposición oral o la lectura de un texto escrito. ¿Por qué la estudiante sintió el impacto emocional y esa “pegada” de la canción de Gian Marco? Sencillo: el relato coincide con sus vivencias sentimentales de desamor o feliz romance. No la mantuvo ilesa ni inconmovible. Hoy cuenta el anuncio de un reencuentro luego de una ausencia. En la primera estrofa se advierte el distanciamiento prolongado. “Tengo marcado en el pecho / todos los días que el tiempo / no me dejó estar aquí.  / Tengo una fe que madura / que va conmigo y me cura desde que te conocí”. En otra estrofa, el sujeto poético reafirma la relación sentimental y refuerza la identidad amorosa que, al final, tendrá un desenlace feliz. “Tengo tu amor y tu suerte / y un caminito empinado / tengo el mar del otro lado / tú eres mi norte y mi sur”. Aún en el escenario de la posibilidad y el deseo, el yo relator dice lo que será el reencuentro y lo que hará para que el romance se consolide y no vuelva a ocurrir la separación cuyo motivo y circunstancia no se explican. “Hoy voy a verte de nuevo / voy a envolverme en tu ropa / susúrrame tu silencio / cuando me veas llegar. / Hoy voy a verte de nuevo / voy a alegrar tu tristeza / vamos a hacer una fiesta / pa’que este amor crezca más”. Esta es una mirada de la canción. 

Según el propio Gian Marco, no es precisamente así, sino un canto emotivo desde la lejanía del Perú cuando él vivía en Miami. Se podría decir que la canción es una exaltación de la añoranza, la nostalgia y la gratitud al Perú. Hoy es el reencuentro del ciudadano ausente con el país que lo espera con afecto y los brazos abiertos como un Cristo redentor. Una canción también puede ser polisémica de acuerdo con la perspectiva y sensibilidad de quien lee y escucha.

Totti Suárez, exitoso en los negocios y el desempeño profesional, llegó el viernes a casa a las 8 de la noche. La decisión estaba tomada: viajaría al día siguiente muy temprano. Había escuchado mil veces Hoy de Gian Marco porque calzaba exacto con la circunstancia y la necesidad de ver a su hijo, a escasos meses de cumplir 18 años, que estudia Ingeniería Civil en la UDH. Tomó el colectivo en el terminal y emprendió la travesía. Lo animaban las banderas de la fe y la esperanza, el deseo de reencontrarse con su hijo mayor, a quien había visto nacer en el hospital regional: “tengo los días que el tiempo no me dejó estar aquí”, “tengo una fe que madura”, “soy una moneda en la fuente, tú mi deseo pendiente, mis ganas de revivir”, “tengo una mañana constante”, “tengo tu amor y tu suerte”, “tú eres mi norte y mi sur”, “hoy voy a verte de nuevo, voy a alegrar tu tristeza”. Ahora sé por qué la estudiante se sintió impactada por Hoy. Él era médico en un asentamiento minero. No vivía con Juan José desde los tres años. Ya tenía otra familia con dos hijos; la esposa, una docente universitaria, siempre fue un obstáculo para los gastos adicionales y una relación fluida con su hijo mayor. 

Se encontraron a las 11 de la mañana frente a la catedral de la ciudad. Lo abrazó mientras le decía que lo había extrañado mucho, pero Juan José era un iceberg con brazos, piernas y cabeza, menos corazón ni afecto, solo le dijo, hola, papá. El plan diseñado por el sicoterapeuta se confirmaba. “No esperes reciprocidad inmediata; eso va a fluir en cualquier momento”. Era sábado 22 de octubre. La ciudad del mejor clima del mundo exhibía colores morados, carpas en el perímetro de la Plaza de Armas. Llovería, sin duda, torrencialmente. “Así son todos los octubres aquí”, dijo Juan José. Fueron a tomar un ligero refrigerio antes del almuerzo. En el camino conversaban sin parar, se miraban de reojo por todas las veces que no se vieron físicamente desde el 1 de enero de 2022, aunque previamente el hielo se había roto con el WhatsApp. “Eres terco, papá”. Le replicó: “Cholo terco. Si no fuera así, no estaríamos juntos. Ni Dios ni nadie me va a impedir verte, Juan José”. Fueron a almorzar al Gran Hotel Huánuco. Ahí el menú cuesta 40 soles, pero vale la pena pagar. Totti Suárez y Juan José leen el titular de un periódico local: “Suman 24 fallecidos”. Se refiere a los fallecimientos en Huánuco por consumo de alcohol metílico.  

Estuvieron juntos más de ocho horas en charlas interminables; se escuchaban mutuamente. Para ellos el tiempo era imperceptible. Solo contaba el presente, el hoy, el momento nada más, sin lamentos ni resentimiento ni reproche. Un fuerte abrazo, ahora sí mutuo, selló la visita y la despedida. Y otra vez Gian Marco: “Tengo marcado en el pecho / todos los días que el tiempo / no me dejó estar aquí”. (…) “Hoy voy a verte de nuevo / voy a alegrar tu tristeza / vamos a hacer una fiesta / pa’que este amor crezca más”.