Caminante son tus huellas

Caminante son tus huellas… Ruta Muña – Tambo de Vaca

Por Iraldia Loyola

(Segunda parte)

El pueblo de Muña es un lugar apacible, rodeado de cumbres que se revisten de verdor. Las avecillas con sus primeros cantos dan la bienvenida al nuevo día, en el que partimos hacia la montaña. A pesar de ser pequeño, Muña tiene grandes proyecciones para convertirse en un centro turístico cultural. 

Antes de echar a andar, hay que encomendar nuestros pasos a los Apus tutelares. Acompañamos el rito ancestral chacchando unas cuantas hojas de coca. Ajustamos los pantalones, amarramos los pasadores de las zapatillas y nos hacemos de una cantimplora. A medida que vamos avanzando, frente a nosotros se eleva una gran montaña donde en algún tiempo pasado floreció una gran cultura, Huanacaure, sus edificaciones construidas en piedra aún resisten al paso del tiempo.

Nuestros pies que ya habían andado varios caminos, se resistieron en el primer tramo a seguir, el cuerpo se va adaptando al ritmo de la caminata, aquí debes haber conocido ya el ritmo de tus pasos. En un primer momento, temí no llegar al destino. Para nuestro alivio teníamos el soporte de un gran grupo humano y de Raúl Cabello, nuestro guía oficial y organizador del evento.

El primer encuentro con algún signo de vida en estos lugares fue con una docente de inicial que regresaba de Tambo de vaca. Respondió amablemente al saludo y a nuestra pregunta, ¿Cuánto nos falta? Solo atinó a sonreír y alentarnos “allacito no más esta”, le cedimos el paso y seguimos la marcha en ascenso.

Por esta ruta, viajaron personajes que contribuyeron directamente a hacer conocer las producciones naturales del país, encontramos al padre José de Acosta, que vino al Perú en 1572, él nos heredó su obra “Historia natural y moral de las Indias”. Los botánicos españoles Ruiz y Pavón inmortalizaron su nombre dedicándole a una planta, la Acosta aculeata, que descubrieron en las montañas por donde hemos tenido la dicha de caminar.

Garcilaso de la Vega nos dejó valiosos documentos y en recompensa los botánicos alemanes, Pöppig y Endlicher nombraron a una planta hallada en las montañas de Huánuco, la Garcilassa rivularis. Años más tarde, el 6 de agosto de 1867 Antonio Raymondi partiría de Huánuco hacia las Montañas del Pozuzo y Mayro.

“De Muña en adelante hay un trecho despoblado. Un poco más arriba el camino tiene algunos palos atravesados donde las mulas pueden marchar con más seguridad. En la última parte de la cuesta los palos se hallan colocados uno cerca de otro, de modo que todo el camino tiene un piso de madera y constituye una verdadera escalera por donde suben las bestias hasta llegar a la cumbre”, manifiesta Raymondi en su libro “El Perú – Tomo I”, donde deja constancia de su viaje a Tarma, Cerro de Pasco y Huánuco.

Por ese sendero descrito, hemos caminado 155 años después. Creo que, en ambos casos, la fatiga que se experimenta en la ruta queda resarcida al contemplar la variada y exquisita vegetación que se abre paso ante nuestros ojos.

Un par de horas después alcanzamos el Cerro Waganan (3km.), aquí almorzamos para recobrar fuerzas. Pasado el mediodía el sol intenso acompaña nuestros pasos. Y para suerte nuestra, el cielo se cubrió de nubes que hicieron nuestro caminar tranquilo. 

Caminante son tus huellas

La cuesta acababa en el km 6, y continuaría por una meseta cubierta de pasto pasando por Cristal Tambo (km 7). Al cual le seguía otra subida que conduce a Tambo de Vaca, hasta donde llegamos 6 horas después. Los pobladores nos recibieron cálidamente, nos abrazaron con el calor de su hogar, permitiéndonos pernoctar en sus aposentos. Nos sirvieron mazamorra de tocosh, que alivió en gran medida el cansancio, tanto así que un grupo de nuestros caminantes decidieron jugar una “pichanguita” contra el equipo del lugar.

Caminante son tus huella

En el primer día, recorrimos la región quechua, situada entre los 2300 y 3400 m s. n. m. aproximadamente. Después de una exposición de sus recursos culturales, aquí despedimos el día con un atardecer que nos regala sus colores naranjas y violetas, la noche cae bajo un cielo estrellado…