Aquiles

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Aquiles, el de los pies ligeros, hijo del Peleo, rey de los mirmidones, y de la nereida Tetis, invencible en la batalla, vulnerable solo en el talón, uno de los más extraordinarios héroes del sitio de Troya. Este es el perfil de Aquiles. Nadie dudaría que, ante una ofensa, agravio o atrevimiento de algún insolente, este pagaría con su vida inmediatamente. La Ilíada de Homero, precisamente, relata la cólera de Aquiles y las consecuencias que provocó en los ejércitos griegos comandados por Agamenón, rey de Micenas. El poema homérico abarca 51 días del décimo año de la guerra de Troya. Siempre es grato, ilustrativo y aleccionador releer a los clásicos. 

En las clases virtuales (ellos allá, yo en el otro lado) leímos el primer capítulo de la Ilíada. Hicimos un gran hallazgo que jamás se me había ocurrido advertir. Apolo, el dios que hiere de lejos, envía una peste devastadora al ejército griego que duró 9 días porque Agamenón se resiste obstinadamente a devolver a Criseida a su padre Crises, a pesar del ofrecimiento de un rescate. La peste desaparecerá si Agamenón devuelve a Criseida a su padre, sin rescate ni recompensa y con una hecatombe en honor a Crises. Aquiles muy enojado le increpa la imprudencia. Agamenón cede a cambio de que Breseida, esclava de Aquiles, reemplace a Criseida. Y así ocurrió. Aquiles se queda compungido y se queja en su madre Tetis y esta suplica a Zeus para dar un escarmiento a los griegos por el agravio a su unigénito. El dios del Olimpo apela a la neutralidad y deja que la guerra siga su curso regular. Un estudiante súbitamente hace el siguiente cometario: “Ese Aquiles es cobarde, un marica; además sufre de mamitis. ¿Por qué no mató a Agamenón si era un guerrero invencible, un semidiós?” Empezó el análisis, el debate y las opiniones como debe ser en clases. El maestro, moderador de la discusión, en el marco de la libertad y la autonomía de pensamiento, escucha y afina los argumentos.   

Al décimo día, los heraldos Taltibio y Euríbates cogen de la tienda de Aquiles a Briseida y se la llevan donde el soberbio Agamenón. Aquiles no se opone. Empieza a llorar como un adolescente por el arrebato. Con lágrima en los ojos, solo, frustrado, a orillas del mar, dice a Tetis: “… el poderoso Agamenón Atrida, después de insultarme, me arrebata mi recompensa y la posee”. Aquiles no defiende lo suyo que, por derecho de guerra, le pertenece. Facilita a los mensajeros de Agamenón para que se lleven a Briseida. Bien podría aplicarse a Aquiles esta paráfrasis: “Lloras como niño lo que no pudiste retener como varón”.  Tetis se sienta junto a él, afligida, para escucharlo; lo consuela amorosamente. Aquiles relata el incidente. Le pide que vaya donde Zeus para tres cosas: apoye a los troyanos, destruya a los griegos y Agamenón reconozca la ofensa. Tetis también llora. Antes de ir al Olimpo le sugiere que se retire de las batallas. El duodécimo día, Tetis va al Olimpo y expone a Zeus las razones de su vista: honrar a su hijo Aquiles de la afrenta de Agamenón. Le dice: “… concede la victoria a los troyanos hasta que los griegos honren a mi hijo y acrecienten su gloria”. Zeus acepta la petición. 

Si Aquiles sufrió de mamitis crónica, cuántos varones tienen esta condición hoy. Aquiles y Agamenón son casos para el psicoanálisis. ¿Cuántos varones se han peleado o han llegado a tragedias por una mujer? La manzana de la discordia no es ficción, sino una realidad que puede surgir en cualquier momento. Héctor, defensor de Troya, mata a Patroclo. Todos creen que es Aquiles quien ha sido asesinado. Enterado del hecho, Aquiles se enfurece y regresa a la guerra. Solo quedan 39 días. Una amiga mía está a punto de terminar un noviazgo de 9 años y 3 meses por la mamitis del novio.

El psicoanálisis ha identificado, en algunos personajes literarios, comportamientos que se han convertido en prototipos de actuación moral, social y cultural. El complejo de Edipo es el natural apego del niño a la madre durante los primeros años; mientras que el Complejo de Electra; de la hija al padre. Antígona, hija de Edipo y Yocasta (relación incestuosa sin saberlo) acompaña a su padre Edipo hasta Colona donde muere; ella sacrifica pareja y descendencia. El Quijote es el caballero soñador, romántico, idealista, que enloquece por los ideales de justicia, libertad y fraternidad de los libros de caballería. Sancho Panza es la otra cara de la medalla: pragmatismo, beneficio concreto, sin rodeos ni meditación. ¿La lectura de libros causa la locura? Otelo, personaje de Shakespeare (en términos actuales) sería un feminicida, pues asesina a su esposa Clitemnestra por indicios de celos. Macbeth, también de Shakespeare, simboliza la ambición por el poder político sin escrúpulos, con maquiavelismo, donde el fin justifica los medios. 

En la guerra de Troya hay un patrón que se repite constantemente: las mujeres son la causa de discusiones, peleas, desgracias y enemistades. Helena, raptada por París, provoca la guerra entre griegos y troyanos, Criseida genera la peste que mata griegos, Briseida es la causa de la enemistad entre Aquiles y Agamenón, Tetis origina los celos de Hera, esposa de Zeus. Aquiles es la obediencia resignada, con furia contenida, que espera el momento para saltar a la yugular; Agamenón, la tiranía basada en el miedo y la recompensa. La literatura es una esponja que absorbe el comportamiento de los ciudadanos y la historia de los pueblos. Hoy, con nuevos lectores (nativos digitales), es posible hacer una relectura y una reinterpretación de libros clásicos, estudiados hasta en lo mínimo, pero que podrían haber dejado alguna veta de análisis como secreto debajo de la piedra.