Antes de andar rasgándonos las vestiduras

Antes de andar rasgándonos las vestiduras

Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

La Copa Mundial de la FIFA Catar 2022, como era previsible, dadas las particularidades del certamen en cuestión, que distan bastante, hay que decirlo, de las de cualquier otro evento similar realizado con anterioridad, ha venido concitando en los días previos a su inauguración toda una serie de polémicas en torno a sí, al punto de que lo estrictamente deportivo, para variar, ha acabado por quedar casi de lado, en comparación con cuestiones que, bien vistas las cosas, y por más que de una u otra manera se relacionen con el asunto, resultan accesorias desde todo punto de vista.

Hablamos, puntualmente, de la presentación de los “artistas”, léase cantantes, en la ceremonia de inauguración. Sucede que, como es ya costumbre, semanas previas al inicio del que es, de lejos, el certamen deportivo más grande del planeta, comenzaron a difundirse los nombres de los que, según información dada por la prensa internacional, serían los encargados de actuar en la ceremonia inaugural. Así, se supo que entre los nombres de quienes estaban voceados para presentarse allí figuraban, principalmente, los de Dua Lipa, Shakira y Rod Stewart.

Sin embargo, cuando todo hacía indicar que los cantantes en cuestión serían los responsables de abrir la fiesta deportiva, trascendió que desistían de hacerlo, debido a que no estaban dispuestos a actuar en un país como Catar, conocido por su maltrato a la mujer, por sus constantes agresiones a la comunidad LGTB, por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos. Como era de esperarse, a los organizadores del mundial de fútbol les importó un maldito carajo la negativa de los antedichos, y los reemplazaron en el acto por otros colegas suyos, que al parecer no veían nada de malo en formar parte del asunto.

Lo que uno se pregunta es por qué a los referidos artistas les habría dado por sacar a lucir, justamente ahora, su lado “humanitario”, por mostrarle al mundo entero, precisamente en este momento, su grande y bondadoso corazón, su capacidad inconmensurable de ponerse en la piel de los demás, de estar del lado de los más necesitados, de los oprimidos.

La respuesta, naturalmente, salta a la vista: por figurar. Por erigirse en los abanderados de la defensa de los derechos humanos. Que el cuento ese de que se conduelen por las penurias por las que lamentablemente atraviesan a diario en el mencionado país las mujeres y los homosexuales no se lo creen ni ellos mismos. Ello porque, para empezar, esos mismos atropellos a los que dicen oponerse, esas mismas violaciones a los derechos humanos a las que dicen condenar, no solo ocurren, por si no lo sabían los ofendidos de turno, en el hoy célebre país petrolero, sino en gran parte del mundo.

¿Acaso alguien vio alguna vez a Shakira, por poner un ejemplo, negarse a cantar en su natal Colombia, en protesta a las violaciones a los derechos humanos que se vienen cometiendo allí desde hace décadas? ¿No hay acaso, salvando las distancias, en nuestra América Latina países en los que la mujer sigue siendo violada y asesinada todos los días? ¿No se dan en nuestros países casos escandalosos de afectaciones a los derechos de los integrantes de la comunidad LGTB, como si de la cosa más natural del mundo se tratara? Pues todo hace indicar que, para ella, y para los otros artistas que también se negaron a presentarse en Catar, solo allí suceden estas cosas.

No. No solo en Catar ocurre esto, Dua Lipa, Shakira y Rod Stewart. Sucede en todo el mundo. Solo que, para variar, preferimos rasgarnos las vestiduras por las cosas que ocurren al otro lado del mundo, en lugar de hacerlo por las que acontecen en nuestras propias narices. Muy de los peruanos, habríamos dicho en otras circunstancias. Pero no. Esta vez no tiene que ver con nosotros de manera directa. Tiene que ver más bien con la humanidad en general. Que en todas las latitudes hay idiotas.

Somos tan hipócritas, de hecho, que en ocasiones “olvidamos” que mucho de aquello que criticamos en otras culturas, que mucho de aquello a lo que decimos oponernos calificándolo de prácticas propias de individuos irracionales, no solo sucede en nuestro propio entorno, ante nuestras propias narices, sino que a veces lo practicamos nosotros mismos.

Así que antes de andar haciéndonos a los ofendidos, a los defensores de las minorías desposeídas que habitan en el culo del mundo, pongamos antes nuestra atención en combatir nuestras propias miserias. Que América y Europa no son precisamente ejemplo de buen trato a la mujer ni a la comunidad LGTB. Es más, si de ponerse rigurosos se trata, podría decirse incluso que al menos los árabes tienen en su historia una larga tradición, nefasta para nuestro modo de entender las cosas, pero tradición, al fin y al cabo, de postergación de la mujer, de relegamiento a un segundo plano de la figura femenina. Lo que no sucede en Occidente. Sin embargo, aquí se la viola y asesina todos los días, y no pasa nada. De modo que, antes de andar rasgándonos las vestiduras por las bellaquerías de nuestros vecinos, reparemos primero en las nuestras propias.