En un movimiento que busca consolidar su presencia en el territorio estadounidense, Apple ha anunciado una inversión de 500 mil millones de dólares y la creación de 20,000 empleos durante los próximos cuatro años, marcando un hito en su estrategia de expansión nacional. Este anuncio se produce tras una reunión entre el CEO de Apple, Tim Cook, y el Presidente Trump, en un contexto marcado por tensiones comerciales y el deseo de la administración de fomentar la producción local. Un elemento clave de este plan es la apertura de una fábrica en Texas destinada a la fabricación de servidores de inteligencia artificial, un componente crucial en el desarrollo de las capacidades de la compañía en este campo.
Según la investigación publicada por The New York Times, la compañía también se ha comprometido a la apertura de una nueva instalación de 250,000 pies cuadrados en Houston el próximo año para la fabricación de servidores de inteligencia artificial.
La iniciativa de Apple se interpreta como una respuesta a las presiones políticas y económicas para relocalizar parte de su producción en Estados Unidos. No obstante, la empresa californiana ha mantenido una postura cautelosa, ya que gran parte de su manufactura, incluyendo iPhones, iPads y Macs, seguirá teniendo lugar en Asia. Esta estrategia refleja la complejidad de las cadenas de suministro globales y los desafíos logísticos y económicos asociados con el traslado de la producción a suelo estadounidense. La compañía ha enfrentado retos para cumplir promesas similares hechas durante administraciones anteriores, lo que genera interrogantes sobre la viabilidad a largo plazo de estos compromisos.
La fabricación de servidores de inteligencia artificial en Texas, a cargo del gigante taiwanés Foxconn, representa un paso significativo en la estrategia de Apple para potenciar su infraestructura de centros de datos en estados como Carolina del Norte, Oregón, Arizona y Nevada. Estos centros de datos son fundamentales para el funcionamiento de servicios como iCloud, Apple Music y Siri, y la expansión de su capacidad es esencial para satisfacer la creciente demanda de estos servicios por parte de los usuarios. La inteligencia artificial, además, se ha convertido en un campo de batalla clave para las empresas tecnológicas, y la inversión de Apple en este ámbito busca consolidar su posición como líder innovador.
Desde antes de su elección en 2016, el expresidente Trump ha insistido en la necesidad de que Apple traslade su producción a Estados Unidos, argumentando que esto crearía empleos y fortalecería la economía nacional. Durante su administración, se implementaron aranceles a las importaciones provenientes de China, lo que generó un incentivo adicional para que Apple considerara la relocalización de parte de su producción. Sin embargo, en lugar de regresar a Estados Unidos, Apple optó por diversificar su cadena de suministro, trasladando parte de su fabricación a países como Vietnam e India, donde los costos laborales son más bajos.
Es importante recordar que la rentabilidad de Apple ha estado tradicionalmente ligada a su modelo de producción en Asia. La posibilidad de mantener los márgenes de ganancia y seguir siendo competitivos a nivel global dependerá de la capacidad de la compañía para equilibrar las presiones políticas y económicas con las realidades del mercado. La nueva fábrica en Texas será una prueba importante de la viabilidad de la producción de alta tecnología en Estados Unidos y su impacto en la competitividad de Apple.
El anuncio de Apple se produce en un contexto de crecientes inversiones en el sector tecnológico estadounidense. Empresas como Google y Amazon también han anunciado planes de expansión y creación de empleo en el país, lo que refleja una tendencia general hacia la relocalización de parte de la producción y la apuesta por la innovación nacional. La competencia entre estas empresas por atraer talento y consolidar su posición en el mercado estadounidense se intensifica, y la inversión de Apple se suma a esta dinámica.




