La canciller peruana Ana Cecilia Gervasi presentó su renuncia el lunes en un contexto de controversia tras la errónea comunicación de una reunión entre la presidenta Dina Boluarte y el presidente estadounidense Joe Biden. Gervasi había solicitado comparecer ante el Congreso para esclarecer los hechos relacionados con la cumbre APEP y la supuesta cita bilateral que, según demostró la documentación, nunca estuvo programada.
La cumbre de líderes de la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas (APEP) fue el escenario donde supuestamente se daría el encuentro, anunciado por el ejecutivo peruano y utilizado para justificar el viaje de Boluarte a Estados Unidos. Sin embargo, la Casa Blanca confirmó que la invitación era exclusivamente para la cumbre, y no se preveía ninguna reunión privada con Biden, lo que ha sido interpretado como un fallo diplomático y provocó críticas por parte del Congreso peruano.
En su misiva de dimisión, Gervasi agradeció la confianza depositada por la presidenta y mencionó que su gestión se asumió en “momentos complejos”, haciendo alusión al contexto post-vacancia del expresidente Pedro Castillo. Concluyó afirmando que, aunque su ciclo como ministra ha concluido, seguirá sirviendo a Perú en sus futuras responsabilidades diplomáticas. La renuncia se suma a una serie de desafíos enfrentados por la actual administración peruana, sumergida en una atmósfera de incertidumbre política y cuestionamientos de gestión.




