A PROPÓSITO DE LAS FIESTAS DE AÑO NUEVO

POR: Dr. Nilton O. Alvarado Calixto (*)

Celebrado el primero de enero por la mayoría de países del mundo, incluido el nuestro; habiendo otros países como: China, India, Israel, etc., que lo hacen en otras fechas según sus tradiciones religiosas, astronómicas y culturales.

Para comprender mejor el significado de este día y no dejarnos llevar sólo por la promoción errática y perversa del consumismo desmedido, vale la pena conocer sus aspectos históricos para darle la valoración que corresponde y no caigamos fácilmente en lo que nos venden los medios interesadamente.

Su origen se remonta a la gran cultura antigua mesopotámica (cuna de la civilización), hace más o menos 4000 años, llamándole a esta festividad AKITU, que coincidía con el equinoccio primaveral en el mes de marzo, cuando la duración de la noche y la duración de la iluminación del día son casi iguales y se marcaba el inicio de un nuevo ciclo agrícola realizándose rituales durante 12 días para renovar la tierra y reafirmar el poder del rey.

Posteriormente, el emperador romano Julio César el año 46 aC. impulsó una reforma del calendario, estableciendo el calendario Juliano que consideraba el inicio del año en el mes de enero, coincidiendo con el mes que se dedicaba al dios Jano (dios de las puertas y los comienzos). Más adelante, en 1582, el papa Gregorio XIII estableció el calendario gregoriano corrigiendo algunos desajustes del calendario anterior, estableciendo el 01 de enero como inicio oficial del año. Desde entonces la mayoría de países hicieron suya esta fecha.

Es necesario precisar y a tener muy en cuenta que la asignación del primer día del año tuvo como finalidad resaltar las labores agrícolas, la renovación espiritual, el renacimiento, etc., muy significativos por cierto desde el punto de vista laboral y mental. Muy distante de lo que nos ha llevado en estos últimos tiempos el consumismo vertiginoso, promoviendo por todos los medios de comunicación en la mañana, tarde y noche el incentivo a comprar, comprar y comprar; sin tener en cuenta la capacidad adquisitiva de las personas, olvidando que en nuestro país hay cerca del 30% de pobreza, tema para reflexionar y discutir que abordaré en otro momento.

Siguiendo con el consumismo se da también una promoción desmesurada a la participación en fiestas donde hay un descontrolado consumo de bebidas espirituosas y comidas, así como bailes desenfrenados con gestos impudorosos e irrespetuosos. Todo con la falsa creencia de que el año que comienza será mejor y con fiestas de por medio. Una gran falsedad para tratar de justificar estos excesos. Todo lo anterior conlleva al incremento de atenciones en las emergencias hospitalarias hasta un 15% a 20%, peleas, accidentes de tránsito, heridos, incluso muertes, que por su puesto repercuten en la salud, economía y tranquilidad familiar.

Volviendo a los festejos, es necesario también comentar acerca del mal uso de los fuegos pirotécnicos, que nos causan un sin número de problemas sobre todo los 25 de diciembre y 01 de enero, pese a las normas que las reglamentan, e incluso, a la prohibición de algunos artefactos como los cohetes con sonidos estridentes, la rata blanca, etc., se siguen comercializando. La afectación y daños son diversos, algunas muy graves como los incendios, a propósito de estos, en la Noche Buena de hace algunos días se incendiaron y destruyeron 30 viviendas en Lima cercado por citar un ejemplo.

Es sabido que las fuertes detonaciones afectan la salud mental de las personas de la tercera edad y de los enfermos (principalmente autistas), así como la tranquilidad y salud de las aves y mascotas. De esto se ha hablado bastante, de la misma manera se promociona constantemente evitar su práctica, pero lamentablemente seguimos en lo mismo; si bien es cierto en esta ocasión, en nuestra ciudad hubo una menor cantidad e intensidad de detonaciones con relación al año anterior, que, por su puesto, es muy positivo y constituye un buen avance en la prevención, pero aun así su uso sigue siendo alto. Por otro lado, es importante conocer que el humo y el polvo emanados como consecuencia de las explosiones contienen algunos residuos metálicos pesados (estroncio, litio, bario, etc.,) y productos químicos tóxicos de baja concentración que contaminan el ambiente.

Todo exceso es negativo, pese a que somos seres pensantes, no podemos seguir en lo mismo. Aprovechemos la reflexión y esperanza que genera el inicio de un nuevo año para intentar cambiar, para hacernos mejores personas y mejores ciudadanos; cumpliendo con las normas y el buen sentido común en el uso y la comercialización de los fuegos pirotécnicos, ingesta de comidas y bebidas. Estos cambios dependerán de la participación de todos: autoridades, padres de familia, instituciones educativas, medios de comunicación, etc., cada uno desde el rol que le compete y de manera constante, y no sólo los días o semanas previos a estas festividades. Las autoridades exigiendo y siendo drásticos en el cumplimiento de su fabricación y comercialización, sancionando su incumplimiento como corresponde; los padres de familia educando y enseñando reiterativamente a los niños de los riesgos y peligros de la salud y del ambiente; en el colegio, institutos y universidades fomentar charlas y debates acerca de la trascendencia y peligros de los temas en discusión, así mismo inculcarles o fomentar en ellos el liderazgo para que como parte del compromiso social, salgan a la comunidad a informar y educar a la gente de este problema; también los medios de comunicación en sus diferentes formas juegan un rol protagónico en esto. Para el gran cambio esperado, repito, es necesaria la coordinación constante entre los diferentes entes antes referidos, para fomentar campañas continuas de información y educación a la población en general.

Amigos, para finalizar les invoco a que participemos tomando conciencia de las grandes implicancias que tiene el mal uso de los fuegos pirotécnicos y apostemos por el cambio, sin perder la esperanza de que en un futuro no muy lejano logremos revertirlo por el bien de nuestra salud y del ambiente.

(*)Médico Gineco ObstetraDocente Principal de la Facultad De Medicina – UNHEVAL