Más de un 90 % de peruanos tiene una postura en contra de la corrupción. Encuestas realizadas a nivel nacional por importantes medios de comunicación, arrojan también que los recientes hechos a cargo de la Fiscalía y el Poder Judicial, que han puesto en la cárcel a líderes de partidos políticos como Keiko Fujimori, Ollanta Humala y otros altos funcionarios públicos que trabajaban en las instituciones del Estado como jueces y fiscales, han servido de bote salvavidas para las expectativas y esperanzas de todos los ciudadanos.
Esto es solo la punta del iceberg. La corrupción está profundamente enraizada en todas nuestras instituciones. Durante decenas de años, ciertos grupos de personas se las han arreglado para traicionar los intereses del país, para venderse al mejor postor. Y cuando nos referimos a las instituciones del Estado, hablamos de los funcionarios detrás de estas, que son quienes toman las decisiones.
Un reciente suceso, denunciado en las páginas de este diario, informa sobre las irregularidades detectadas por la Contraloría General de la República en la compra y recepción de un equipo de rayos X estacionario digital para el hospital de Tingo María, con un costo de S/ 1 037 010.
Convenientemente, el comité de adquisición aceptó esta propuesta por sobre las otras, aun cuando el equipo adquirido por lejos no cumplía con las especificaciones técnicas, además de tener características distintas a las requeridas en las bases integradas.
Este es uno de los muchos casos que ha recibido este diario durante los 24 años de trayectoria periodística. Han sido permanentes las denuncias de irregularidades en las que los postores perdedores denunciaron algún tipo de compadrazgo, favoritismo y/o direccionamiento a favor de algún postor y ello ocasiona un irreparable daño a la población.
Esto refleja un problema mayor y sistemático en el comportamiento de las personas, tanto en los funcionarios como en los privados, en los corrompidos como de los corruptores y viceversa. Nuestro problema es una crisis de valores, que debe de ser urgentemente restablecido, tanto en casa como en los colegios.



