Adiós doctor Virgilio

Uno de los hombres más conocidos de esta ciudad, un médico altruista y uno de los literatos más destacados del siglo XX en Huánuco, fue el doctor Virgilio López Calderón.
Fue uno de los más preclaros hijos de Huánuco y su partida deja un vacío muy sentido y muy difícil de llenar. Dedicó 60 años de su vida a curar enfermedades, como médico acucioso y muy generoso. Siempre sirvió a todos sin distinción y sanó a mucha gente sin pedir nada a cambio.

Ejerció la Medicina por vocación e hizo de su profesión un medio para servir a su pueblo. En sus primeros años como médico, ejerció la carrera en el hospital de Huariaca y después estableció su consultorio en la cuadra 12 del jirón Dos de Mayo donde dejó una profunda huella entre sus pacientes.
El doctor Virgilio se reveló como un brillante escritor y narrador de historias, tradiciones y costumbres de Huánuco. Fue un cronista empedernido y retrató acertadamente a este valle y sus personajes con su fina pluma. Les inmortalizó con sus escritos con un lenguaje sencillo y sutil, narrando las anécdotas con términos huanuqueñistas.
Su máxima producción literaria fue compilada en un libro de 586 páginas, editada por el periodista Heber Laos Visag, a través de Amarilis Indiana Editores.
Sus historias inmortalizan al médico, al poeta, al cronista y en especial al amigo. Engalanó las páginas de este diario con sus versos del clásico bando de Calixto para la fiesta de los carnavales, para la entrada o el inicio de don Calixto, y su singular testamento. Muy elegantemente, logró ridiculizar, sin llegar a la ofensa o huachafería, a las autoridades de esta ciudad.
El legado del doctor Virgilio es haber contribuido a que Huánuco, sus ciudadanos, sus barrios y sus calles, sean conocidas y reconocidas. Hoy don Virgilio estará en el cielo riéndose de sus ocurrencias con Miguel Guerra, el “gaucho” Besada, con don “Anchico” Fernández y muchos personajes huanuqueños ilustres que se le adelantaron en su viaje al más allá.
Estos carnavales serán tristes, pues faltarán los versos del bando de Don Calixto, que en cada esquina o parque se daba lectura y en el miércoles de ceniza, al final de los carnavales; los versos de su testamento cuyos bienes, mujeres y riquezas dejaba a las autoridades y vecinos.
Fueron sus deseos y para reafirmar su identidad huanuqueñista, que sus restos sean sepultados en el cementerio de Las Pampas, lugar que frecuentaba, atraía y donde se inspiraba. ¡Descanse en paz doctor Virgilio!