No es poco todo lo avanzado

Augusto Álvarez Rodrich

Aunque con deficiencias, la aprobación de la ley orgánica de la JNJ constituye un avance importante –pero insuficiente– para la reconstrucción de las bases de la justicia y de la política peruana que se encuentran en escombros por haber sido penetradas por la corrupción.

Este avance debió superar el blindaje que el fujiaprismo le dio a la corrupción –incluyendo la reciente oposición a la creación de la JNJ– desde que aparecieron los audios que destaparon una podredumbre en la justicia y la política que todos sospechaban pero que, al desnudarse de manera grosera, permitió catalizar las transformaciones que han permitido alcanzar logros que son valiosos pero, sin duda, insuficientes para la envergadura de la agenda pendiente, con el fin de contar con una política y una justicia que produzcan orgullo en la ciudadanía en vez de vergüenza.

Los destapes de corrupción desprestigiaron al fujiaprismo y aceleraron la desintegración de la hegemonía política que se estableció en el Perú en los últimos dos años, incluyendo la pérdida de miembros de la coalición y la creación de nuevas bancadas.

Dos transformaciones fueron cruciales en este proceso. Una es la de Daniel Salaverry, quien fue un jefe destacado del comando de operaciones especiales de Keiko Fujimori que realizó, entre otros, el operativo Mamani para tumbarse a Pedro Pablo Kuczynski, lo que fue recompensado con la presidencia del Congreso, como antes le dieron el mismo premio a Luis Galarreta por dirigir el operativo contra el ministro Jaime Saavedra.

Pero desde que Salaverry ocupó el cargo, hace seis meses, puso en marcha una acción sorprendente, con destreza y oportunidad, que demostró lo mucho que se puede hacer desde la presidencia del Congreso para, aún en minoría, enfrentar al fujiaprismo para avanzar en la reforma.

La acción de Salaverry en el Congreso tuvo el soporte de la misma destreza y sentido de oportunidad política con que Martín Vizcarra se ha manejado en Palacio de Gobierno.

Luego de unos cien primeros días anodinos y casi prisionero del Congreso, Vizcarra se transformó y despegó con liderazgo para enfrentar a la corrupción y al fujiaprismo que, por momentos, son casi lo mismo.

La capacidad de trabajar en sintonía entre Palacio de Gobierno y el Congreso, superando a un fujiaprismo que se encaramó para boicotear cualquier reforma e investigación, ha sido crucial para llegar a donde se está hoy en el país. Que no es mucho pero que, si se recuerda dónde estaba el país en julio pasado, es bastante.