La penosa actuación de los legisladores durante cuatro días para aprobar el informe de la congresista Fujimorista Rosa Bartra no hace más que confirmar el gran nivel de corrupción existente en este poder del Estado.
Como se veía venir, el Congreso de la República aprobó el informe final de la Comisión Lava Jato y rechazó la cuestión previa para incluir al expresidente Alan García y a la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, con 59 votos en contra, 34 a favor y 6 abstenciones. En resumen, el pacto fujiaprista, terminó por blindar a sus respectivos líderes.
El Congreso nuevamente se convirtió en un vergonzoso ring de insultos de todo calibre, desde frases ofensivas, mentadas de madre, hasta actitudes matonescas como a las que nos tiene acostumbrados el lacayo de García, Mauricio Mulder. Al parecer, a Mulder no le gustó nada que el congresista Manuel Dammert mencionara la investigación que pesa sobre exfuncionarios apristas por supuestas cuentas bancarias en Andorra, vinculadas a Alan García, por lo que se le salió el “barrio”, y lo desafió a los golpes. El objetivo de los más encumbrados cabecillas apristas era salvar a su jefe a como diera lugar. A doña Karina Beteta se le salió el indio y arremetió también contra los de oposición, solo le faltó subirse al escaño.
Después de aprobada la votación, los fujapristas se llenaron de abrazos y besos felicitándose mutuamente el haber cumplido con la misión.
Estos congresistas se olvidaron de que el parlamento es un lugar para exponer y discutir ideas con altura y elocuencia.
Queda muy poco tiempo para el referéndum y es la gran oportunidad de votar por la reelección congresal. Es muy importante considerar si realmente queremos que esta clase de congresistas sean nuevamente elegidos.



