Cancionero

Por: ARLINDO LUCIANO GUILLERMO
Cualquier recurso didáctico es válido cuando el estudiante aprende. El fin justifica los medios, quitándole la perversidad que tiene esta sentencia en la política. No basta leer y entender, escribir correctamente y con juicio crítico, también se aprende lo que se oye. Una de las competencias que deben utilizar, con efectividad, un ciudadano es entender lo que escucha. Muchas veces tenemos oídos, pero no escuchamos. Comprender, descifrar e interpretar mensajes orales depende del grado de concentración, agudeza de pensamiento y habilidad mental. Se oye a veces lo que nos conviene. Oír y entender es equivalente a leer y comprender.
La canción es una especie poética antigua, sencilla, de tema amoroso, sujeta a métrica, rima y ritmo. Es un poema sin complicaciones lingüísticas ni excesos metafóricos ni cultismos innecesarios. Las canciones, como cualquier poema, soneto, composición lírica o épica, tienen un tema, usan lenguaje coloquial y literario, exhiben poesía, personajes y un relato. El compositor es un trovador (Sabina, Arjona, Cabral) que, sin mucho esfuerzo, con sabiduría y “súbita inspiración”, construye una historia que “adquiere voz” con la música. Las canciones son para ser escuchadas; los poemas, para ser leídos.
No es verdad total de que solo leyendo fragmentos o libros enteros se fomenta la lectura y se implementa el plan lector y comprensión lectora. Las letras de las canciones son “materiales educativos” pertinentes para fomentar competencias concretas: oír, leer, redactar, opinar y crear textos literarios. Eso implica elaborar un cancionero donde estén infaltablemente canciones de Huánuco, del Perú y América Latina. Hay canciones que nacen y mueren después que pasa la fiebre y la preferencia delirante de los oyentes. Otras, como la gran literatura, se mantienen vigentes en la preferencia de la gente. La Hora del Lonchecito, que conduce el Koki Salgado en radio La Inolvidable 93.7 FM, es un ejemplo de que la música romántica y “lacrimógena” de los 60 y 70 del siglo XX aún sigue gustando.
Soy provinciano (1978), de Chacalón y La Nueva Crema, es una cumbia popular en el Perú, asociada arbitrariamente al gusto de sectores urbanomarginales y lumpenescos. Sin embargo, la composición lingüística y contextual revela particularidades sociales e históricas. 1. Hay un reconocimiento explícito y público de la identidad provinciana. 2. El personaje es un “muchacho provinciano”, migrante, de procedencia andina, probablemente quechuahablante, que llega a Lima a la aventura, huyendo de la violencia política, la pobreza y la postración social; el que narra la historia es un trabajador ambulante que se levanta, junto a otros, muy temprano para trabajar, 3. Dicho trabajo esforzado y valiente es el camino correcto para el progreso y el emprendimiento. 4. Se perfila a un provinciano huérfano ni un perro que le ladre. 5. Se reconoce que en la capital hay maldad, discriminación, donde todo es dinero. 6. Finalmente, el amor y la felicidad es la justa recompensa al trabajo durísimo. La cumbia de Chacalón, el Faraón de la Chicha, supera los límites de lo puramente musical y se convierte en un fresco histórico de los años 80 del siglo XX. Estos componentes semánticos no se encasillan en la secuencia de melodías y el baile histriónico. La música no solo es un conjunto armónico, perfecto, eufónico y secuencial de melodías; también posee contenido, representación de la realidad, relato fluido y una intencionalidad. Si comprendemos y disfrutamos ambos componentes (música y lenguaje) habremos abarcado la totalidad de la canción.
La canción Libre, de Nino Bravo, seudónimo de Luis Manuel Ferri Llopis, quien falleciera trágicamente a los 28 años, más allá de que nos agrade, contiene un gran valor social, poesía y trascendencia universal, pues ningún pueblo del planeta se ha desentendido por luchar y defender la libertad. Dice Nino Bravo: “Libre / como el sol cuando amanece / yo soy libre como el mar. / Libre / como el ave que escapó de su prisión / y puede, al fin, volar. / Libre / como el viento que recoge mi lamento / y mi pesar / camino sin cesar / detrás de la verdad / y sabré lo que es, al fin, la libertad.” En Libre no hay el romance clásico ni despecho sentimental de la balada musical. Hay ciertas canciones donde la relación de pareja es trivial, superficial, vulgar, común y cursi. El caso de Solo para ti de Sergio Dalma, que exalta el sentimiento amoroso a la excelencia, a la sinceridad, a la poesía lírica. Dice: “Si tú supieras cuánto pintas en mi vida / no tendrías más salida que vivirla junto a mí. / Eres la fuerza que me empuja hasta el vacío, en tu mundo y en el mío / aún se puede ser feliz…”
La selección de canciones va a depender del gusto literario y musical del docente, de las herramientas didácticas que utilice para que los estudiantes escuchen con interés y entiendan, con sus propios oídos, imaginación, lenguaje no verbal y atención.