Reencuentro

Por: Arlindo Luciano Guillermo
El aniversario de una institución educativa, generalmente, es el perfecto pretexto para el reencuentro emotivo, nostálgico y lacrimógeno de exalumnos. Se reúnen quienes viven en la ciudad, otros regresan entusiasmados desde lejos solo para sentir de cerca los 5 años vividos con intensidad en la secundaria. Hay ceremonia protocolar, la clase del recuerdo, gratitud y la infaltablemente jarana. Los exalumnos recorren la institución educativa paso a paso para embriagarse con la nostalgia y, entre risas, recuerdan las travesuras, las palomilladas y excesos propios de estudiantes adolescentes. Regresar al colegio, después 25 años o más, es un reencuentro inolvidable con los amigos de siempre y con uno mismo.
El sábado 20 de mayo, en la I.E.P María Auxiliadora (donde enseñé 10 años) se realizó la clase del recuerdo con las exalumnas de la Promoción Bodas de Plata 1992 Evangelli Nuntiandi (anuncio del evangelio), título de una exhortación apostólica del Papa Pablo VI que promovía que la evangelización, iniciada por el propio Jesucristo, no solo es tarea de religiosos, sino de todos los católicos. Dieron emotivamente la clase del recuerdo Samuel Ratto Nesterenko y Juana Caloretti Peña. Ellos simularon las clases de Trigonometría y Geopolítica respectivamente para “esas jóvenes”, Hijas de María Auxiliadora, en medio de conversaciones impertinentes, interrupciones, bromas y cantos marianos, cuando ellas tenían 15 o 16 años. Hoy son ciudadanas de 4 décadas, profesionales, con esposo, hijos y algunas con nietos.
Estas estudiantes fueron educadas con el Sistema Preventivo de don Bosco, el Santo de los Jóvenes. El docente (“un buen pastor”) utiliza como medio el conocimiento para educar. Antes que reprimir, castigar y amedrentar es preferible prevenir con afecto, persuadir y asistir oportunamente. Los principios pedagógicos se basan en la razón (conocimiento, ciencia), religión (Cristo, devoción a la Virgen María Auxiliadora) y amor (afecto, paciencia). Con estas herramientas se logran “buenas cristianas, buenas ciudadanas”. Muchas promociones cumplen bodas de plata y la pauta siempre es la misma: reencuentro, nostalgia, recuerdos indelebles, gratitud y celebración. Los exámenes, las tareas, la lectura, los apodos, las anécdotas y las clases están guardados en el baúl de los recueros.
La vida escolar dura más de 11 años. Más de una década se comparte con los amigos. El sistema educativo educa integralmente al estudiante. En la escuela se aprende a leer, a entender lo que se lee, a escribir y resolver problemas matemáticos. Además fomenta competencias útiles para la convivencia democrática e intercultural, relaciones interpersonales, liderazgo, toma de decisiones, capacidad para resolver problemas y ejercicio del pensamiento crítico.
En la escuela dejamos los mejores años de la niñez y la adolescencia, etapa de la vida donde se absorben conocimientos, referentes, habilidades y experiencia de los padres y de los maestros, esos profesionales preparados en pedagogía, sicología y conflictos sociales que permanecen con los estudiantes entre 35 y 40 horas semanales durante 10 meses del año. También son los años del berrinche sin sentido y la rebeldía sin causa. Todas las experiencias escolares y académicas acumuladas afloran en el reencuentro de promociones. Simbólicamente es retroceder el tiempo para volver a vivir los “años maravillosos” en el colegio. El estudiante tiene, en el caso de bodas de plata, unos 41 o 42 años; los docentes superan los 50 o 60 años, aún vigentes en el ejercicio profesional.
No hay mayor satisfacción que reencontrarse con los viejos camaradas del colegio, compañeros de carpeta que saben cómo fuimos en las clases y en los exámenes. Allí está el “cerebrito”, el chancón, el relajado, el que, sin ser el mejor estudiante, ahora tiene más éxito que el premio excelencia; también regresa el deportista, el palomilla, el taciturno, el que le hacía la vida imposible al profesor. Todos juntos se reúnen para celebrar el agradable y nostálgico reencuentro de la promoción. Es además un momento donde la gratitud es más racional y objetiva. Los estudiantes, ahora adultos y profesionales, agradecen a los docentes por las enseñanzas, los consejos y la paciencia.