La integridad territorial de Ucrania se ha convertido en un punto de fricción insalvable en las negociaciones de paz, especialmente en lo que respecta a la península de Crimea, anexada por Rusia en 2014 tras un controvertido referéndum no reconocido internacionalmente por la mayoría de países. La postura firme de Kiev se mantiene inamovible ante cualquier propuesta que implique ceder la soberanía sobre este territorio estratégico del Mar Negro. Esta situación plantea serias dificultades para alcanzar un acuerdo que ponga fin al conflicto bélico en curso.
Según la investigación publicada por The New York Times, la administración Trump propuso un plan de paz que reconocería el dominio ruso sobre la península de Crimea, una iniciativa que encontró un rechazo rotundo e inmediato por parte del gobierno ucraniano.
El presidente Volodímir Zelenski, en declaraciones a la prensa, enfatizó que aceptar tal propuesta implicaría una violación directa de la Constitución ucraniana y, por lo tanto, es una línea roja infranqueable. La negativa es absoluta, incluso si la contrapartida fuera el fin de la guerra que se libra en el este del país, lejos de Crimea, pero con graves consecuencias humanitarias y económicas para Ucrania. La guerra en el Donbás, que comenzó poco después de la anexión de Crimea, ha causado miles de muertes y el desplazamiento de millones de personas, convirtiéndose en un foco de tensión geopolítica constante.
Esta firmeza de Zelenski encuentra un sólido respaldo en la opinión pública ucraniana y en la clase política. Reconocer la anexión de Crimea sería interpretado como una traición y un abandono a los ciudadanos ucranianos que aún residen en la península. La ocupación rusa ha significado la imposición de leyes rusas, la restricción de las libertades civiles y la persecución de la minoría tártara de Crimea, que históricamente ha mantenido una postura pro-ucraniana.
Además, la reunificación familiar, un anhelo para muchos ucranianos separados por la ocupación, se desvanecería por completo. Tras la anexión, muchos residentes pro-ucranianos se vieron forzados a huir, dejando atrás a familiares mayores o a aquellos con simpatías hacia Rusia, creando una profunda división social y emocional.
Kostyantyn Yeliseyev, ex jefe adjunto de la administración presidencial, afirma que ningún político ucraniano votaría a favor de legalizar la ocupación de territorios ucranianos. Para los miembros del parlamento, tal acción representaría un suicidio político, dada la fuerte oposición de la sociedad a ceder territorio nacional.
El expresidente Trump, por su parte, manifestó su desconcierto y frustración ante la reacción de Zelenski. A través de redes sociales, argumentó que Crimea “se perdió hace años” y sugirió que el líder ucraniano está prolongando innecesariamente el conflicto por una causa perdida. Trump insinuó que Zelenski debía elegir entre la paz o la posibilidad de perder todo el país tras años adicionales de enfrentamientos. Esta postura refleja una visión pragmática, pero controvertida, de la situación, priorizando el fin del conflicto por encima de la integridad territorial de Ucrania.




