La imposición de aranceles por parte de la administración Trump, incluso tras gestos de acercamiento diplomático, plantea serias interrogantes sobre la estrategia comercial del Reino Unido. A pesar de la «relación especial» y los esfuerzos conciliatorios del Primer Ministro Starmer, el Reino Unido se ve afectado, aunque en menor medida que la Unión Europea. Este movimiento subraya la volatilidad de la política comercial internacional y la necesidad de una respuesta estratégica y equilibrada.
Según la investigación publicada por The New York Times, a pesar de los esfuerzos de Keir Starmer para cultivar una relación positiva con el presidente Trump, el Reino Unido ha sido incluido en la lista de países sujetos a aranceles estadounidenses, si bien con una tasa menor que la aplicada a la Unión Europea.
La decisión de Trump de aplicar un arancel del 10% al Reino Unido, en contraste con el 20% impuesto a la Unión Europea, ha generado reacciones mixtas. Los colaboradores de Starmer ven en esta diferencia una victoria, argumentando que protegerá miles de empleos en el país. Algunos atribuyen este trato preferencial a la ofensiva de encanto del Primer Ministro, mientras que otros lo consideran un beneficio derivado del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea en 2016.
Sin embargo, este alivio podría ser efímero. Aunque el arancel impuesto al Reino Unido es menor, sigue siendo un arancel general aplicado a numerosos países, a pesar de que Estados Unidos mantiene un superávit comercial con el Reino Unido, según las propias estadísticas estadounidenses. Esta situación pone de manifiesto la complejidad de las relaciones comerciales bilaterales y la necesidad de asegurar acuerdos a largo plazo.
El Reino Unido mantiene la esperanza de alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos que exima al país del impacto de estos aranceles. Keir Starmer ha instado a la calma y a la prudencia, asegurando a los empresarios que el gobierno responderá con «cabezas frías y tranquilas». La clave reside en si el Reino Unido mantendrá su estrategia actual o se unirá a otros países, como Canadá, en la imposición de aranceles de represalia.
Downing Street ha declarado que no se tomarán medidas de represalia mientras las negociaciones comerciales estén en curso. Esta postura busca evitar una escalada en la tensión comercial y mantener abierta la vía del diálogo. No obstante, la presión para actuar podría aumentar si las negociaciones no avanzan o si otros países imponen medidas de represalia.
Jonathan Portes, profesor de economía y política pública en el King’s College London, considera que la estrategia del gobierno hasta ahora ha sido «perfectamente comprensible». Advierte, sin embargo, sobre la necesidad de evitar tanto la confrontación innecesaria como una política de apaciguamiento que pudiera interpretarse como debilidad. El equilibrio entre la defensa de los intereses nacionales y el mantenimiento de una relación constructiva con Estados Unidos será crucial en los próximos meses.




