La ilusión internacional se estrelló en Matute. Alianza Lima, con la misión de trascender en la Copa Libertadores y romper una racha esquiva de victorias, sufrió un revés inesperado ante Libertad de Paraguay. Lo que se antojaba como una noche propicia para reafirmar el fervor de la hinchada, plasmado en los mensajes de aliento que adornaban el estadio, se transformó en una pesadilla futbolística, coronada con la frustración palpable de Guillermo Enrique, quien descargó su ira contra una silla de plástico. La derrota, un 1-0 que caló hondo, desajusta la planificación del equipo blanquiazul en el torneo continental, generando un ambiente de desazón entre los aficionados presentes.
Según la investigación publicada por El Comercio, el ambiente previo al partido se caracterizaba por un optimismo generalizado, impulsado por la exitosa superación de las fases previas y la localía ante un rival, en teoría, abordable.
El encuentro, sin embargo, no reflejó ese optimismo inicial. Alianza Lima no logró imponer su juego, y Libertad se mostró como un rival sólido y bien plantado en el campo. La posesión del balón se le hizo esquiva al equipo íntimo, mientras que los paraguayos generaron las primeras ocasiones de peligro. La estrategia de Libertad consistió en una marca asfixiante que anuló la creatividad aliancista, obligando a Gorosito a pedir calma a sus dirigidos, quienes parecían priorizar deshacerse del balón antes que construir jugadas elaboradas.
En la zaga defensiva, Miguel Trauco evidenció errores que no pasaron desapercibidos. Un fallo de comunicación con Renzo Garcés dejó al descubierto una falta de concentración. La hinchada, en un gesto de apoyo, optó por aplaudir al jugador en lugar de abuchearlo, buscando infundirle confianza, aunque la frustración era visible en el rostro del lateral izquierdo.
El segundo tiempo no trajo consigo la reacción esperada. Libertad mantuvo el control del juego y, al minuto 52, Gustavo Aguilar concretó el primer gol del partido. Gorosito respondió de inmediato con cambios, dando ingreso a Cantero y Guerrero en busca de revulsivo en el ataque. Si bien estas modificaciones generaron una mejora momentánea, la ansiedad atenazó a Alianza Lima, reflejada en el reclamo airado de Enrique a Lavandeira por una jugada fallida. La expulsión de Hugo Martínez, tras una agresión a Garcés, y las posteriores amonestaciones a Garcés y Zambrano, que los dejarán fuera del partido ante Sao Paulo, complicaron aún más el panorama.
La desesperación se apoderó del juego aliancista, con imprecisiones y remates desviados. La frustración colectiva se hizo evidente en figuras como Enrique, Quevedo, Trauco y Noriega. La expulsión de Enrique, por doble amarilla tras una falta innecesaria, no solo lo marginó del partido, sino también de los dos siguientes compromisos en la Libertadores. Su reacción, al descargar su ira contra una silla, simbolizó el sentir de un equipo golpeado. En conferencia de prensa, Gorosito mostró su malestar y preocupación por las bajas que afrontará el equipo ante Sao Paulo, aunque priorizó el clásico ante Universitario.




