La capital de Sudán, Jartum, ha sido testigo de un giro dramático en la guerra civil que asola al país desde hace casi dos años, con la retirada masiva de combatientes de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Este repliegue, facilitado por el avance de las Fuerzas Armadas Sudanesas, podría significar un cambio importante en el equilibrio de poder y en el futuro inmediato del conflicto, que ha generado una severa crisis humanitaria y una **inestabilidad** regional preocupante.
Según la investigación publicada por The New York Times, la captura de Jartum por parte del ejército sudanés marca un punto de inflexión significativo en lo que actualmente es la guerra más grande de África.
Desde el miércoles, se ha observado un éxodo considerable de las FAR, que habían ocupado la capital desde el inicio de la contienda. El ejército sudanés ha divulgado imágenes de drones que muestran a cientos de combatientes de las FAR cruzando una represa sobre el Nilo en Jebel Aulia, al sur de Jartum, aparentemente su última vía de escape. Este movimiento sugiere una estrategia de repliegue hacia Darfur, el bastión tradicional de las FAR en el oeste del país, según analistas.
La pérdida del control de Jartum representa un revés estratégico para las FAR, que habían desafiado la autoridad del gobierno central desde el estallido del conflicto. El origen de la guerra se remonta a las tensiones entre el jefe del ejército, general Abdel Fattah al-Burhan, y el comandante de las FAR, general Mohamed Hamdan Dagalo, también conocido como Hemedti, por la integración de las fuerzas paramilitares en el ejército regular.
El ejército sudanés ha informado sobre la captura de un importante campamento de las FAR cerca de la represa, lo que, según un portavoz militar, indicaría la eliminación de la última base significativa de las FAR en Jartum. Sin embargo, persisten focos de resistencia aislados en diferentes áreas de la ciudad, lo que sugiere que la situación aún no está completamente bajo control.
La guerra ha tenido consecuencias devastadoras para la población civil. Se estima que alrededor de 150.000 personas han perdido la vida y más de 13 millones han sido desplazadas, generando la mayor crisis de desplazamiento a nivel mundial. Los refugiados han relatado atrocidades como violaciones, masacres y hambruna, evidenciando la brutalidad del conflicto.
En medio del caos, se han registrado escenas de júbilo entre los civiles en algunas zonas de Jartum, especialmente tras la llegada de las fuerzas militares sudanesas. Videos publicados en redes sociales muestran a residentes celebrando en las calles, un indicio del anhelo por un retorno a la normalidad y la esperanza de que la situación mejore. El control del palacio presidencial, tomado por el ejército días antes, se considera un triunfo simbólico y estratégico que ha impulsado la moral de las fuerzas gubernamentales.
A pesar de la reciente retirada de las FAR de Jartum, la contienda no ha finalizado. La situación en Darfur, donde se espera que las fuerzas paramilitares se reagrupen, podría convertirse en un nuevo foco de conflicto. La comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos en Sudán, con la esperanza de que se abran vías para un diálogo político que conduzca a una solución pacífica y duradera.



