Exportadores estadounidenses compiten por influir en aranceles recíprocos de Trump antes del 2 de abril

La inminente imposición de **aranceles** por parte del Presidente Trump ha desatado una ola de reacciones en el sector empresarial estadounidense. Ante la promesa de una reestructuración radical del comercio global, numerosas empresas han aprovechado la oportunidad para expresar sus preocupaciones y reclamaciones sobre las barreras económicas que enfrentan en el extranjero, buscando influir en la agenda comercial del mandatario.

Según la investigación publicada por The New York Times, la administración Trump invitó a las empresas a exponer los obstáculos económicos que encuentran en el extranjero, antes de su próximo gran movimiento comercial, lo que ha resultado en una avalancha de quejas detalladas y diversas.

La magnitud de las quejas es considerable, abarcando desde productores de uranio y camarón hasta fabricantes de camisetas y acero. Cada sector expuso las prácticas comerciales que consideran injustas, buscando que la administración tome en cuenta sus intereses al momento de definir la nueva política arancelaria. Entre los ejemplos concretos se encuentran los altos aranceles impuestos por Brasil al etanol y los alimentos para mascotas, así como los gravámenes de India sobre las almendras y nueces pecanas. También se ha señalado las restricciones de larga data impuestas por Japón a las patatas estadounidenses. Es crucial recordar que, en 2024, el déficit comercial de Estados Unidos alcanzó los 800 mil millones de dólares, un dato que podría estar motivando esta revisión de la política comercial.

El Presidente Trump ha anunciado que el 2 de abril será el día en que implementará los llamados “aranceles recíprocos”, que igualarán las tasas y políticas que otros países aplican a las exportaciones estadounidenses. Trump ha denominado a esta fecha como el “día de la liberación”, argumentando que pondrá fin a años en los que, según él, otros países se han aprovechado de Estados Unidos. Esta medida se alinea con su promesa de campaña de proteger la industria nacional y recuperar empleos perdidos por la globalización. Cabe destacar que la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha expresado su preocupación por estas medidas, advirtiendo sobre posibles represalias y una escalada en las tensiones comerciales globales.

El mandatario ha reforzado su discurso señalando que su política comercial actual busca “recuperar la riqueza” que, en su opinión, Estados Unidos ha cedido a otros países. Además de los aranceles recíprocos generales, Trump ha considerado la imposición de aranceles específicos a sectores clave como la automoción, la industria farmacéutica y los semiconductores. De hecho, recientemente declaró que anunciará “muy pronto” nuevos aranceles sobre los automóviles, y que las medidas en el sector farmacéutico llegarán en un futuro “no muy lejano”. Esta estrategia selectiva podría tener un impacto significativo en las cadenas de suministro globales y en los precios al consumidor.

Trump enfatizó la necesidad de revitalizar la producción nacional en sectores donde Estados Unidos ha perdido terreno. “Necesitamos muchas de estas cosas que ya no fabricamos, pero estamos capacitados para hacerlo”, afirmó, sugiriendo que los nuevos aranceles buscan incentivar la inversión y el empleo en el país. Según datos del Departamento de Comercio, la producción manufacturera en Estados Unidos ha disminuido en un 15% en los últimos 20 años, lo que refleja la pérdida de competitividad frente a otros países.