Fósiles de ámbar en un día y no en millones de años, es posible crearlos

El ámbar, apreciado mundialmente tanto como joya como por su capacidad de conservar vestigios prehistóricos, alcanza valores elevados, especialmente cuando encapsula agua antigua, burbujas de aire, plantas, insectos o incluso aves. Este material, producto de la fosilización de resina de árbol durante millones de años, es ahora objeto de un innovador estudio paleontológico.

Según la investigación publicada por The New York Times, paleontólogos han logrado acelerar drásticamente este proceso, creando fósiles similares al ámbar a partir de resina de pino en tan solo 24 horas. Esta técnica innovadora promete revolucionar nuestra comprensión de la bioquímica involucrada en la formación del ámbar, un proceso que de otra manera permanecería oculto en las profundidades del tiempo.

El experimento, cuyos resultados se publicaron este lunes en la revista Scientific Reports, se asemeja a la cocción de alimentos en una olla a presión. Evan Saitta, investigador asociado del Field Museum en Chicago y coautor del estudio, compara el proceso con el funcionamiento de un “Instapot”. La investigación podría abrir nuevas vías para la datación de fósiles y la reconstrucción de ecosistemas antiguos.

La “receta” para este ámbar sintético comenzó con resina de pino recolectada del Jardín Botánico de Chicago. El Dr. Saitta, junto con su colega Thomas Kaye, paleontólogo independiente, colocaron discos de sedimento de aproximadamente un centímetro de grosor, que contenían la resina, en un dispositivo construido por el Sr. Kaye. Este dispositivo ingenioso fue ensamblado utilizando un compresor de píldoras médicas, tanques de aire y otras piezas recicladas.

El objetivo principal de someter las muestras a calor y presión era simular la diagénesis, el proceso lento y complejo de transformación física y química que experimenta el sedimento antes de consolidarse en roca. La diagénesis, que puede durar miles o incluso millones de años, involucra la compactación de sedimentos, la precipitación de minerales y la alteración química de los componentes orgánicos.

“La diagénesis es el último obstáculo que se debe superar para convertirse en fósil”, explicó el Dr. Saitta. “Es como el jefe final del juego”. Comprender mejor este proceso acelerado podría permitir a los científicos crear modelos más precisos de la formación de fósiles naturales y, potencialmente, preservar materiales biológicos delicados para su estudio futuro.