La reducción de la ayuda internacional prepara el terreno para brotes de enfermedades

La **seguridad sanitaria global** se encuentra en una situación precaria, con informes alarmantes sobre patógenos peligrosos sin protección adecuada en laboratorios africanos y la suspensión de controles cruciales en aeropuertos y puntos fronterizos. La falta de inspecciones para enfermedades como el mpox, Ébola y otras infecciones, sumada al transporte transfronterizo de millones de animales sin control, representan un cóctel explosivo para la propagación de enfermedades infecciosas. Este escenario se agrava aún más por la drástica reducción de la ayuda exterior.

Según la investigación publicada por The New York Times, la interrupción de programas de asistencia internacional por parte de la administración Trump ha debilitado los esfuerzos de prevención y contención de brotes en todo el mundo, exponiendo a poblaciones globales, incluyendo la estadounidense, a una mayor vulnerabilidad frente a agentes patógenos peligrosos.

La globalización de las enfermedades es una realidad innegable. El COVID-19, con su origen posiblemente en China, demostró la rapidez con la que un brote local puede convertirse en una pandemia global, afectando la salud y la economía de naciones enteras. Casos de polio o dengue que aparecen en Estados Unidos, por ejemplo, suelen estar directamente vinculados a viajes internacionales, subrayando la importancia de una vigilancia epidemiológica y una respuesta global coordinada. La amenaza se extiende más allá de las fronteras, interconectando la salud pública de todos los países.

El impacto del recorte en la ayuda extranjera se siente con fuerza en organizaciones como Amref Health Africa, cuyo director, el Dr. Githinji Gitahi, advierte que la reducción del apoyo estadounidense, que representa un 25% de su financiamiento, pone en riesgo la capacidad de mantener a raya las enfermedades. “Es de interés para el pueblo estadounidense mantener las enfermedades bajo control”, afirma el Dr. Gitahi, enfatizando la importancia de la prevención y el control en el extranjero para proteger la salud dentro de Estados Unidos.

Fuentes expertas, incluyendo más de 30 funcionarios actuales y anteriores de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), miembros de organizaciones de salud y especialistas en enfermedades infecciosas, describen un panorama mundial más vulnerable que hace apenas unas semanas. La falta de recursos dificulta la implementación de medidas preventivas, el rastreo de contactos y la respuesta rápida a brotes emergentes, lo que aumenta el riesgo de propagación a nivel internacional.

Este contexto se suma a desafíos existentes, como la resistencia antimicrobiana, la deforestación y el cambio climático, que contribuyen a la emergencia de nuevas enfermedades infecciosas y la reemergencia de patógenos conocidos. La inversión en sistemas de salud pública, la capacitación de personal sanitario y el fortalecimiento de la colaboración internacional son cruciales para enfrentar estas amenazas y proteger la salud global. La seguridad sanitaria no es un gasto, sino una inversión fundamental para la prosperidad y el bienestar de todos.