La respuesta de la administración Trump ante el reciente brote de sarampión en Texas ha generado controversia, particularmente por la aparente reticencia del Secretario de Salud a promover activamente la vacunación infantil, una herramienta fundamental en la contención de enfermedades infecciosas. Este incidente ocurre en un contexto global de creciente preocupación por el resurgimiento de enfermedades prevenibles por vacunación, impulsado en parte por la desinformación y la disminución de la confianza en las instituciones de salud pública.
Según la investigación publicada por The New York Times, Robert F. Kennedy Jr., titular de Salud y Servicios Humanos (H.H.S.), ha sido objeto de críticas por su gestión del brote en el oeste de Texas. Durante una reunión de gabinete, Kennedy minimizó la gravedad de la situación, generando alarma entre expertos en salud pública.
Posteriormente, a través de sus redes sociales, Kennedy calificó el brote como una «máxima prioridad» para su departamento, detallando las acciones de apoyo a Texas, como la financiación del programa de inmunización estatal y la revisión de las recomendaciones médicas sobre la vitamina A. Sin embargo, en ningún momento instó directamente a los padres a vacunar a sus hijos contra el sarampión.
La falta de una comunicación clara y contundente por parte del Secretario de Salud contrasta con la urgencia que demanda la situación. El sarampión, altamente contagioso, puede causar complicaciones graves, especialmente en niños pequeños. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido repetidamente sobre la importancia de mantener altas tasas de vacunación para prevenir brotes y proteger a las poblaciones vulnerables.
La respuesta inicial de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), dependiente del H.H.S., también ha sido cuestionada. El primer aviso sustantivo sobre el brote se emitió casi un mes después de la detección de los primeros casos en Texas, un retraso que ha sido calificado de insuficiente por expertos en salud pública.
El Dr. Michael Osterholm, epidemiólogo de la Universidad de Minnesota y ex funcionario del departamento de salud, criticó la respuesta del gobierno, afirmando que «han estado gritando con un susurro». Osterholm sugirió que las manos del CDC podrían estar atadas, insinuando posibles restricciones políticas en la promoción de la vacunación. La transparencia y la comunicación efectiva son cruciales en la gestión de brotes de enfermedades infecciosas, y cualquier señal de reticencia o vacilación puede socavar la confianza pública y dificultar los esfuerzos de contención.




