Por: Abg. Lucia Isabel Gómez Espinoza
En lo que se refiere a términos económicos, el Perú se mantiene en desventaja, particularmente en Huánuco podemos ver que esta situación es tal, que el desempleo en la zona rural es más bajo que el urbano, debido a que los trabajadores de las zonas rurales necesitan estar ocupados para poder sobrevivir gracias a las brechas que persisten y se hacen notar con mayor fuerza en ese sector puesto que se ve la convergencia de la informalidad, exclusión y por supuesto, pobreza. Realidad que, a raíz de la pandemia ha empeorado, ya que nos tocó hacer frente a la peor caída económica desde 1989 la cual nos ha golpeado duramente como sociedad, puesto que resentimos las consecuencias de la reducción de actividades fundamentales como la de transportes y minería.
Si bien es cierto que, con la recuperación económica a nivel nacional, los índices de pobreza de nuestra región se han logrado reducir, estos aún se mantienen por encima del nivel prepandemia, lo que significa que, de los huanuqueños que cayeron en situación de pobreza, apenas un ligero porcentaje ha logrado salir de ella. Tal es así que, si realizamos un desagregado de la pobreza por el ámbito geográfico, podemos ver que cerca de la mitad del total de la población rural vive en situación de pobreza, lo que representa un incremento en los porcentajes de la misma desde el año 2019 hasta la actualidad. Eso significa que la pobreza tanto urbana como rural en nuestra región se ha incrementado; y por factores tales como la limitada implementación de soluciones sostenibles que ayuden a mejorar la calidad de vida de la población, las cuales no abordan la raíz de la pobreza, como por ejemplo la falta de educación, el acceso limitado a los recursos y la falta de un sistema de seguridad social es que no se ha podido lograr detener este fenómeno.
En ese sentido, la evidencia demuestra que la desigualdad existente caracteriza a nuestra sociedad como fuertemente jerárquica, excluyente, con elevados índices de discriminación salarial y con una fuerte concentración de poder y riqueza; características que no han podido ser atendidas para poder darles el tratamiento adecuado con la finalidad de tener una sociedad que se proyecte como más justa y equitativa respecto de la distribución de riqueza permitiendo propiciar el descenso de los índices de pobreza conocidos por todos, especialmente, por quienes se encuentran en las zonas rurales.
Tras todo ello, debemos señalar que el reto de las políticas públicas al que nos enfrentamos con esta situación, radica entonces, en una visión que vaya más allá de las miras tradicionales que únicamente se concentran en buscar infructuosamente la reducción de la pobreza; y tratar de ampliar estos esfuerzos avanzando a un enfoque innovador que tenga una mira más integral, donde no solo se busque la igualdad, sino también se enfoque en la inclusión social, buscando de esta manera, cerrar las brechas que existen respecto de la distribución de ingresos. Todo ello hace fundamental repensar nuestro esquema de organización social y darle más espacio y atención prioritaria a quienes se encuentran en la posición menos favorecida. Se debe tener como objetivo una nueva estructura que contemple mejores oportunidades de educación, mejores oportunidades laborales, más inversión en infraestructura, y una mejor distribución de la riqueza, con el fin de avanzar en la construcción de una sociedad más incluyente y justa.




