El descontrol en la obra del jirón Malecón Walcker Soberón no es un hecho aislado ni un simple error administrativo. Es la confirmación de un problema más profundo: la incapacidad de planificar y ejecutar infraestructura básica en una región que depende, precisamente, de esas obras para salir del rezago. Pasar de S/ 11.9 millones a más de S/ 51.4 millones y acumular más de tres años de retraso sobre un plazo original de 540 días no admite matices. Lo ocurrido exige una lectura crítica y una respuesta institucional que hasta ahora no se observa.
La sucesión de 10 reformulaciones, 14 suspensiones y 37 valorizaciones no puede interpretarse como ajustes normales de obra. Por el contrario, evidencia una cadena de decisiones sin sustento técnico sólido. La inclusión de 810 metros de muros en zonas ya intervenidas, la falta de planos detallados y la paralización desde enero de 2026 por ausencia de materiales configuran un escenario que compromete la eficiencia del gasto y expone riesgos de pagos por trabajos que podrían rehacerse o demolerse.
Pero el problema va más allá de una obra específica. Huánuco arrastra, desde hace años, una brecha crítica en infraestructura vial. No se puede hablar de desarrollo económico si las vías terrestres siguen siendo precarias o inconclusas. No se puede impulsar turismo si los accesos son limitados o inseguros. Tampoco se puede cerrar brechas sociales si la conectividad —física y tecnológica— continúa siendo insuficiente en amplias zonas de la región.
Este caso se inserta en un patrón que se repite. Obras que se anuncian con plazos de 12 o 18 meses terminan extendiéndose por 36 o 48 meses, con costos que duplican o triplican lo previsto. Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta calles inconclusas, servicios interrumpidos y una sensación creciente de abandono. Cada proyecto que se retrasa no solo afecta el presente, sino que posterga oportunidades de inversión, empleo y dinamización económica.
El impacto también es político. La acumulación de sobrecostos, paralizaciones y rediseños erosiona la confianza en las autoridades regionales y en la capacidad del Estado para gestionar recursos públicos. En un contexto cercano a procesos electorales, estos resultados se convierten en indicadores concretos de gestión. No son percepciones, son cifras: 68.5 % de avance tras más de 1,100 días y más de S/ 3.7 millones ejecutados por encima del progreso real.
Lo que está en juego no es solo la culminación de una obra prevista ahora para abril de 2026. Está en discusión el modelo de gestión pública que sostiene este tipo de decisiones. Si no se corrigen las fallas de planificación, supervisión y ejecución, el riesgo es que el malecón Walcker Soberón deje de ser una excepción visible para convertirse en la regla silenciosa de la infraestructura en Huánuco.










