NUNCA MÁS

Hace 25 años, la democracia peruana sufrió un ataque cuyas consecuencias seguimos padeciendo. El Congreso de la República fue disuelto, el Poder Judicial maniatado y la libertad de expresión restringida. El hoy encarcelado Alberto Fujimori, dio un autogolpe de Estado que le permitió concentrar el poder en sus manos.
Cuando Fujimori llegó al poder los políticos tenían tan poca credibilidad y la población estaba tan desesperada que la mayoría apoyó el golpe. La situación era tan grave que incluso hoy en día muchos peruanos justifican el golpe de Fujimori aduciendo que la situación era insostenible.
¿Las dificultades que pasa un país acaso son excusa para patear el tablero, centralizar el poder y terminar con la poca institucionalidad que pueda existir? Definitivamente no.
La existencia de un gobierno solo se justifica en democracia. Y la democracia no es el capricho de las mayorías, eso es cargamontón. Democracia es un método para controlar y limitar el poder. Alberto Fujimori llegó al gobierno por la vía democrática para destruir la democracia desde adentro e implantar el modelo de su antojo. Lo importante no es la ideología de quien dé el golpe, lo importante es entender que ningún grupo tiene el derecho de imponerse así ante los demás, por muy minoritarios que sean.
Mañana 5 de abril, es un día en el que los peruanos debemos recordar cómo el fujimorismo tiró al tacho el orden constitucional y democrático. Y si lo olvidamos allí están las congresistas fujimoristas como Úrsula Letona y Alejandra Aramayo, que nos los recordarán con proyectos de ley que pretenden coactar la libertad de expresión.
Dígase lo que se diga sobre la estabilización de la economía, el fujimorato representa un tipo de relación entre el ciudadano y el Estado, un tipo de autoritarismo y poder con falta de límites al que no debemos volver jamás.