500 TRAZOS DE WU JIANAN

Israel Tolentino

La buena noticia me la dio mi amigo Alfredo Rolando, venía al Perú Wu Jianan (Beijing, 1980) como parte de un proyecto organizado por su amigo Pablo Espinel, quien junto con el artista habían preparado el proyecto “500 trazos: un viaje de tinta e inspiración”. Un encuentro entre dos culturas milenarias, la  tradición caligráfica china con la complejidad cultural peruana. Este viaje de 21 días incluiría talleres interactivos de tinta con diversas comunidades. Los asistentes tendrían la oportunidad de expresarse utilizando pinceles tradicionales chinos y tinta sobre papel de caligrafía. Cada participante experimentaría el arte del trazo con tinta china.

El país tiene personas valiosas y con sensibilidades que superan en creces las noticias habituales, este evento es muestra de ello. Pablo Espinel, el 2022, fundó PREMIOS AYNI en Lima, el primer premio de arte de impacto social que en su última edición tiene por ganadora a Nereida Apaza. Este premio es un acercamiento a esta tierra desde la cultura, terreno desde donde sí se puede generar una alternativa de cambio crítico y sostenible.

Recuerdo una frase de la niñez cuando una tarea no daba un resultado concreto: “viaje a la China”. Este siglo le ha dado la vuelta y añadido un nuevo significado a ese dicho. Viajar a la China es señal de proyectos, de negocios, de turismo… El que viaja hacia alguno de sus destinos busca conocer “in situ” sus proezas, los adelantos en ciencia y tecnología y sobre todo vivir su arte y cultura. China está a la vuelta de la esquina, tiene su ADN impregnado en las entrañas del planeta.

Wu Jianan visita Cusco y Lima, las dos capitales donde confluyen y se contrastan historias de habitantes en genuino afán de prosperidad y barrios periféricos como Carabayllo y centros culturales como el MALI y el Espacio Basadre; dos capitales que fuera de sus circuitos turísticos tienen en común el cinturón de hacinamiento, la pobreza mental aflorando en orgánicas apropiaciones de las zonas circundantes.

Wu Jianan, toma su tijera, observa el papel con el trazo hecho en tinta negra y las caras felices y sorprendidas de los niños en  Carabayllo se visibilizan en su mente, sus manos, como señalando una figura por el aire o trazando un garabato con el dedo sobre la arena, se adentran entre los trazos, navegan, se zambullen entre los brazos de sus colaboradores, una fraternidad muchas veces ausente en la producción contemporánea. Recoge los trazos recortados en el piso de su estudio, cientos descansan como serpientes, como rayos, como constelaciones, como ríos de colores (piensa en el poético nombre del río Amarillo). Se abraza con esos espíritus que le acompañan en  los trazos, entonces realiza el collage, la parte técnica donde su obra se convierte en danza, en un ritual junto con esas presencias invisibles impregnadas sobre papel de arroz que viajan con él, historias llegadas de los apartados linderos del globalizado planeta. Toma en sus manos un papel cortado como una criatura, lo observa y decide ubicarla en el gran mapa blanco que es su lienzo. Los trazos hechos con tinta y antiguos pinceles le revelan diversidad de personas, ahora  largas, anchas, fuertes, rítmicas; cada color un alma, un río entrelazando el paisaje de su taller.

La obra de Wu Jianan puede, en un primer momento confundirse con el “action painting” rápidamente la consistencia de su proceso te devuelve a lo esencial que sigue siendo invisible a los ojos. El artista sabe mantener y alimentar la milenaria matriz de su pueblo en el camuflaje que por momentos le acerca a Henri Matisse recortando sus papeles o a Jackson Pollock echando baldes de pinturas. Un equilibrio entre modernidad y tradición, racionalidad y delirio, distracción y meditación, actitud que le permite finalizar en un espléndido caligrama.

Wu Jianan tiene un sello indeleble donde el caos y confusión de la sociedad del espectáculo se calma ante su proceso, desacelera y reposa, cada obra demanda de un tiempo considerable y devuelve con afecto los pasos de Marco Polo y Matteo Ricci.

Las varias semanas en las tierras andinas son una marca que irá aflorando en el momento menos pensado de su quehacer artístico; Wu Jianan sentirá la necesidad interior por retornar, entonces, acá estarán esperando su arribo Alfredo y Pablo (Pozuzo, agosto 2024).