Arlindo Luciano Guillermo
César Vallejo llegó a París con cuatro libros editados en el Perú: Los heraldos negros, Trilce, Escalas y Fabla salvaje. Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz fueron publicados en 1939, al año siguiente de la muerte del poeta, por Georgette Philippart y Raúl Porras Barrenechea. Los heraldos negros contiene 64 poemas; Trilce, 77; Poemas humanos, 99; España, aparta de mí este cáliz, 15. Vallejo escribió 255 poemas, con los cuales trascendió en el tiempo y en la memoria literaria. No hay poeta que no tenga una huella de Vallejo o lector que ignore a César Vallejo o no haya leído “Los heraldos negros”, “Los dados eternos”, “A mi hermano Miguel”, “Piedra negra sobre una piedra blanca”, “Masa” o “El momento más grave de mi vida”. Vallejo solo vivió 46, de los cuales 15 en Europa, principalmente en París, estuvo en España durante la Guerra Civil Española, jamás le dio las espaldas a la realidad política ni histórica, hizo de la poesía un artefacto social y estético, militó en el Partido Comunista, abrazó conscientemente el marxismo como método heterodoxo. Vallejo es el poeta peruano más estudiado, aún concita interés y trabajos de investigación y crítica literaria. Vallejo fue un poeta de compromiso y militancia, nunca lo negó, se consagró a ese propósito. Dice Vallejo: “El artista es, inevitablemente, un sujeto político. Su neutralidad, su carencia de sensibilidad política probaría chatura espiritual, mediocridad humana, inferioridad estética. Pero, ¿en qué esfera deberá actuar políticamente el artista? […] La sensibilidad política del artista se produce, de preferencia y en su máxima autenticidad, creando inquietudes y nebulosas políticas, más vastas que cualquier catecismo o colección de ideas expresas y, por lo mismo, limitadas, de un momento político cualquiera, y más puras que cualquier cuestionario de preocupaciones o ideales periódicos de política nacional o universalista. […] Su acción no es didáctica, transmisora o enseñatriz de emociones e ideas cívicas, ya cuajadas en el aire. Ella consiste, sobre todo, en remover, modo obscuro, subconsciente y casi animal, la anatomía política del hombre despertando en él aptitud de engendrar y aflorar a su piel nuevas inquietudes y emociones cívicas”.
Sobre España, parta de mí este cáliz no hay discusión; son 15 en total. Los 99 poemas escritos en Europa, entre 1923 y 1938, un período de 15 años, quedaron dispersos, unos con título, otros sin título, unos con fechas, otros sin fecha. Estos poemas no conformaron un libro orgánico ni tuvo un título específico ni Vallejo terminó de corregirlos. El orden en que aparecen los textos poéticos de Poemas humanos es arbitrario; se debe a la propuesta de Georgette Philippart, quien divide en Poemas en prosa y Poemas humanos, mientras que Juan Larrea separa en Nómina de huesos y Sermón de la barbarie. Ninguno de estos títulos se le atribuye a Vallejo. Para entonces era un prestigioso periodista de opinión, reportajes y crónicas, defendió la República española del fascismo de Francisco Franco. Dice Ricardo González Vigil: “Debemos resignarnos a un ordenamiento cronológico de los poemas que no pertenecen a España, aparta de mí este cáliz; es el único criterio lícito para el vallejista, a pesar de que Vallejo nunca reunió sus textos con ese criterio…”. Los textos de Poemas humanos mantienen tres rasgos de Trilce: audacia lingüística, hermetismo insondable y ansias de libertad. Se aleja de Los heraldos negros, ya no hay entorno familiar, conflicto existencial ni coloquialismo. Poemas humanos es un categórico libro de poesía que exalta el sentimiento y el deseo del ciudadano universal. La prosa o el verso no le resta contundencia al mensaje sin fronteras de fraternidad, dolor, sufrimiento, ilusión de felicidad, soledad y reafirmación del hombre como ser social. Poemas humanos es la “humanización del arte de Vallejo”. “¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora, / el que suda de pena o de vergüenza, / aquel que va, por orden de sus manos, al cinema, / el que paga con lo que le falta, / el que duerme de espaldas, / el que no recuerda su niñez; amado sea / el calvo sin sombrero, / el justo sin espinas, / el ladrón sin rosas, / el que lleva reloj y ha visto a Dios, / el que tiene un honor y no fallece!” (“TRASPIÉ ENTRE DOS ESTRELLAS”).
La grandeza y universalidad de Poemas humanos radica en la sinceridad, transparencia y hondura de la emoción, las necesidades urgentes y el sentimiento de los ciudadanos de carne y hueso. Hay un contraste entre “hombre alienado”, víctima del capitalismo en su fase industrial y “hombre nuevo” representado por tres paradigmas: el indio, el bolchevique y el miliciano de la República española. Son ejemplos los poemas “Salutación angélica”, “Telúrica y magnética”, “Gleba” y “Los mineros salieron de la mina”. Esto advierte Ricardo González Vigil. El dolor y sus matices y gravedades (“Los nueve monstruos”), desesperación del mendigo (“La rueda del hambriento”), situaciones adversas de la vida (“El momento más grave de mi vida”), solidaridad comunitaria (“Masa”), presagio de la muerte (“Piedra negra sobre una piedra blanca”), lucha tenaz por escribir y no poder hacerlo (“Intensidad y altura”), sufrimiento por la muerte del amigo estimado –“tu inolvidable cholo te oye andar / en París (…) yo todavía sufro , y tú, ya no, jamás, hermano” (…) hoy sufro dulce, amargamente”- (“Alfonso: estás mirándome, lo veo…”).
Vallejo asumía su responsabilidad estética de poeta y su compromiso social y político de ciudadano pesante en el periodismo. Sus apremios económicos jamás fueron obstáculos para escribir poesía, resistió tenazmente a las tentaciones del poder. Vallejo es paradigma actual del migrante: Santiago de Chuco, Huamachuco, Trujillo, Lima, París, Madrid, Unión Soviética, Berlín, etc. Su poesía refleja esos itinerarios. José María Eguren, Carlos Oquendo de Amat y César Vallejo constituyen los cimientos sólidos de la poesía contemporánea. “Ya va a venir el día; da / cuerda a tu brazo, búscate debajo / del colchón, vuelve a pararte / en tu cabeza, para andar derecho. / Ya va a venir el día, ponte el saco. / Ya va a venir el día; ten / fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona / antes de meditar, pues es horrible / cuando le cae a uno la desgracia / y se le cae a uno a fondo el diente”. (“Los desgraciados”). Los poemas de Vallejo exigen al lector esfuerzo por desentrañar la metáfora, el adjetivo, verbos conjugados, el tema, la intención y la simbolización de la realidad personal y social. En Vallejo comprobamos que el poeta es un agente de cambio y compromiso social. Vallejo fue discrepante con los poetas retóricos que se arriman a la insensibilidad y la indiferencia. Dice Vallejo: “Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como un hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico, como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. (…) Hoy sufro solamente”. (“Voy a hablar de la esperanza”).




