En el corazón de nuestra región, una iniciativa prometedora está a punto de florecer. La Universidad Nacional Hermilio Valdizán, nuestra alma mater, se prepara para inaugurar su primera Feria del Libro, un evento que promete ser mucho más que una simple exposición de publicaciones. Es, en esencia, un llamado a la acción, un despertar cultural que nuestra sociedad necesita con urgencia.
Desde tiempos inmemoriales, nuestros mayores han repetido incansablemente que un pueblo que lee es un pueblo que avanza. Sin embargo, la realidad que enfrentamos es desalentadora. En nuestra región, la lectura se ha convertido en una práctica casi olvidada, un hábito perdido incluso entre aquellos que tienen la noble tarea de educar a las futuras generaciones.
En este contexto, la Feria del Libro se erige como un faro de esperanza. Liderada por la doctora Lourdes Céspedes, esta iniciativa busca no solo exponer las publicaciones de docentes y estudiantes, sino también fomentar una cultura de producción intelectual y lectura crítica. La participación de otras instituciones de educación superior, como la Universidad de Huánuco y la Universidad Daniel Alcides Carrión, enriquece aún más este proyecto, creando un ecosistema de conocimiento y colaboración.
La propuesta de que los docentes publiquen al menos un libro al año sobre su área de expertise es ambiciosa, pero necesaria. Esta práctica no solo enriquecerá el acervo académico, sino que también servirá de ejemplo e inspiración para los estudiantes. Es un recordatorio de que el conocimiento no es estático, sino un río vivo que se nutre constantemente de nuevas ideas y descubrimientos.
La feria también marca un hito en la transición hacia formatos digitales de publicación. En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, es crucial adaptarse y aprovechar las nuevas plataformas para difundir el conocimiento. Los libros digitales no solo reducen costos de producción, sino que también amplían el alcance potencial de cada obra, permitiendo que el conocimiento trascienda fronteras físicas.
Sin embargo, el éxito de esta iniciativa no depende únicamente de sus organizadores. Es responsabilidad de toda la comunidad abrazar este proyecto y convertirlo en un catalizador de cambio cultural. Cada visita a la feria, cada libro adquirido o leído, cada conversación generada a partir de una nueva lectura, es un paso hacia una sociedad más informada, crítica y empática.




