Celebrando el Día del Campesino y la Fiesta de San Juan

En el corazón de nuestra región, donde la tierra se funde con el cielo y las tradiciones ancestrales aún palpitan con fuerza, nos preparamos para celebrar dos festividades que marcan el ritmo de nuestra identidad cultural: el Día del Campesino y la Fiesta de San Juan. Estas celebraciones, más que simples fechas en el calendario, son un testimonio vivo de nuestra conexión con la Pachamama y un homenaje a quienes, con sus manos callosas y su sabiduría milenaria, han moldeado el paisaje que hoy llamamos hogar.

Nuestros antepasados, verdaderos arquitectos de la supervivencia, nos enseñaron el arte de vivir en armonía con la naturaleza. Con solo sus manos y los recursos que la tierra les brindaba, construyeron viviendas, trazaron caminos y cultivaron los campos. El ichu, esa paja dorada que ondea en las alturas, se convirtió en el techo que los protegía de las inclemencias del tiempo. Esta lección de autosuficiencia y respeto por el entorno es más relevante que nunca en nuestros días, donde el consumismo desenfrenado amenaza el equilibrio ecológico.

Con el paso del tiempo, nuestras celebraciones han evolucionado, fusionándose con otras tradiciones como la Fiesta de San Juan, especialmente en la región selvática. Ciudades como Pucallpa, Puerto Inca y Tingo María se visten de gala, llenando el aire con el aroma del juane, ese manjar que simboliza la generosidad de nuestra tierra y la calidez de nuestro pueblo.

Estas festividades son, en esencia, una forma de agradecer a la Pachamama y al Dios Sol por su generosidad. Aun cuando enfrentamos los desafíos del invierno y las lluvias torrenciales, reconocemos que estos ciclos son parte del delicado equilibrio que sostiene la vida. Nuestros abuelos nos enseñaron a ofrecer las mejores papas y el maíz más hermoso como ofrenda, una práctica que debemos preservar y transmitir a las nuevas generaciones.

Nuestra región, y el Perú en general, es un tesoro de diversidad cultural y agrícola. Somos los orgullosos productores de la mejor papa de Latinoamérica, y nuestro cacao acaba de ser galardonado en París como el mejor chocolate. Estos logros no son casualidad, sino el resultado del arduo trabajo y la dedicación de nuestros campesinos, quienes merecen no solo nuestro reconocimiento sino también una retribución justa por su labor.

Al celebrar el Día del Campesino y la Fiesta de San Juan, no solo honramos nuestro pasado, sino que también sembramos las semillas de nuestro futuro. Un futuro donde la sabiduría ancestral se combina con la innovación moderna, donde el respeto por la tierra se traduce en prosperidad para quienes la cultivan.