LLUVIA

Por Yeferson Carhuamaca Robles

Hay un sonido que relaja mis sentidos y abriga las esperanzas de una noche tibia, la responsable de tan sensible efecto es una lluvia menuda que cae sobre las veredas resquebrajadas. Sin embargo, la lluvia que asola mi corazón es como una noche olvidada, sin latidos, sin recuerdos, sin armonías y sin delirios de grandeza.

Esta noche voy caminando por el sendero de los caídos, es el malecón de la ciudad que con la compañía eterna del río Huallaga siempre dan un territorio solitario a las sombras que buscan una tenue oscuridad entre los árboles. La lluvia y uno que otro demonio acompañan a mi sombra y este quizás encuentre alguna respuesta sobre el porqué la lluvia tiene un significado diverso en las situaciones de la existencia, mi abuela decía que cuando llueve los árboles bailan, la tierra tiene su perfume y que el corazón busca la hoguera.

El viento sopla y la mirada perdida me recuerda que la lluvia da vida y también la quita, es ese paralelismo que ha existido a lo largo de todos los tiempos, es el tópico que se ha usado en diversas proclamaciones del ser humano. Desde las fatídicas lluvias que se cuentan en la mitología griega cuando Zeus el poderoso dios, destruye a la quinta estirpe de la raza humana, ya que esta era la más malvada de entre todas las generaciones creadas por los dioses. La lluvia como tema también contempla una canción humilde, un sonido silente y acogedor, esa que retumba suavemente sobre nuestros oídos, como lo expresa el poeta español Federico García Lorca en su poema: «Lluvia» /La lluvia tiene un vago secreto de ternura, / algo de soñolencia resignada y amable, / una música humilde se despierta con ella/que hace vibrar el alma dormida del paisaje. /.  En la música mi solitaria boca empieza a entonar la grandiosa interpretación de la canción de Eddie Santiago que recita: «Lluvia, tus besos fríos como la lluvia (lluvia) tus besos fríos como la lluvia (Lluvia) que gota a gota fueron enfriando (Lluvia) mi alma mi cuerpo y mi ser»; así también la canción en inglés de la agrupación Creedence Clearwater Revival donde la lluvia es comparada como un signo que a pesar de que todo pueda ir bien siempre hay problemas irremediables que se convierten en días sombríos, el título en español de la canción es una pregunta: «¿Les pregunto a ustedes, alguna vez vieron caer la lluvia en un día soleado?» La lluvia siempre es una suerte de pasajera compañía en nuestro momento de soledad, de la música apacible que corroe poco a poco el corazón de los solitarios.

He llegado al puente Calicanto, en donde la noche crea una ambiente taciturno y bello a la vez, aquí cual surrealista espectáculo observo el vuelo de las aves nocturnas y a pesar de la lluvia aún pueden levantar el vuelo, porque a pesar de que la lluvia menuda muchas veces signifique un tipo de melancolía, también es la que provee vida, las siembras se vuelven verdes, los huertos empiezan a llenarse de flores, los Jircas que rodean este valle del Pillco se colorean un cetrino intenso. La tierra se humecta y los animales beben. Los árboles en confabulación con el viento se mueven que proyectan una danza interminable.

Entonces miró al cielo, quizás la abuela me este mirando desde lo eterno y me contempla ahí en este puente, mis lágrimas se confunden con las gotas de lluvia, la dicha de estar solo y a la vez incompleto frecuenta mi memoria como los relámpagos a la distancia, me siento acompañado por mis delirios y la vanagloria de haber hecho todo mal. De pronto inclino la cabeza los árboles, las flores y sus colores me visten la mirada y mis huesos tiemblan con la bravura de las aguas del rio. He caído en una celda solitaria con aguajeros. Mis días han pasado recordando al humano que soy, mientras una mariposa blanca surca mi mirada y la lluvia cesa. Vuelve la calma, amanece.