El aviso del inminente fenómeno del Niño Costero ha puesto en alerta a nuestras comunidades, y con razón. Frente a esto, la reciente declaración de la Red de Salud sobre la construcción urgente de un hospital de contingencia en Huánuco es un rayo de esperanza en medio de la incertidumbre. El director, Dr. Iván Barrera, ha destacado que la institución está tomando medidas proactivas para erigir, en un breve lapso, una instalación dedicada a enfrentar emergencias climáticas en un terreno provisto por el colegio Leóncio Prado, una ubicación estratégica y accesible.
Este hospital de contingencia, concebido para desplegarse en solo 1000 metros cuadrados, no es solo una infraestructura prometida, debe convertirse en una realidad palpable. Para que su impacto sea efectivo, es imperativo que la ejecución de esta obra vital comience sin demoras, y su funcionamiento debe ser un ejemplo de eficiencia y preparación.
Mientras tanto, las autoridades locales no pueden quedarse atrás. Los alcaldes distritales deben actuar con la misma urgencia, descolmatar quebradas y limpiar las riberas de los ríos para prevenir catástrofes. La preparación es una responsabilidad compartida, y la población también debe ser parte activa de las medidas preventivas en sus hogares y comunidades.
Es inaceptable que la municipalidad de Huánuco no esté ya en acción, eliminando los residuos que obstruyen el sistema de desagüe, un problema que se agrava en el mercado central. La inacción no es una opción cuando se trata de la seguridad de nuestros ciudadanos. El alcalde debe liderar con el ejemplo, manteniendo informada a la población sobre los pasos concretos que se están tomando, y no solo con promesas de “mega obras”.
El Gobierno Regional también tiene una parte crucial en esta preparación. No es momento de retórica política, sino de coordinación efectiva y medidas tangibles que aseguren que cada distrito y provincia estén listos para enfrentar este fenómeno natural.
Como medio de comunicación, instamos a cada autoridad y ciudadano a reconocer la magnitud de la amenaza que se avecina. Es momento de dejar de lado la complacencia y convertir las promesas en acciones decididas. El fenómeno del Niño Costero no espera, y tampoco debería hacerlo Huánuco.




