Escrito por: Leana S. Wen
Hace unas semanas, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos emitieron nuevos lineamientos para el uso de cubrebocas basados en evidencias de que las personas vacunadas pueden infectarse y transmitir a otros la variante Delta, más contagiosa. Muchas personas que pensaban que las vacunas les permitirían volver a la normalidad prepandémica se preguntan ahora si deberían cambiar la manera como desarrollan su vida cotidiana.
Alguien que esté vacunado, que por lo general está sano, y que vive solo o comparte un hogar con otras personas que también están vacunadas y sanas, podría decidir que tiene la suficiente protección como para no cambiar nada. Según los datos de los CDC, las personas vacunadas tienen aproximadamente ocho veces menos probabilidades de infectarse que las no vacunadas. Incluso si contraen la COVID-19, lo más probable es que una persona vacunada experimente síntomas similares a los de un resfriado común; después de todo, las vacunas reducen 25 aplastantes veces la posibilidad de una enfermedad grave.
Pero, ¿No es esa la advertencia que nos dejó lo ocurrido en Provincetown, Massachusetts? ¿No fue el hecho de que varios fiesteros bajaran la guardia lo que causó que alrededor de 965 personas se infectaran, incluidas muchas que ya estaban vacunadas? Los CDC citan directamente este brote al momento de pedirle a la gente vacunada que vuelvan a utilizar los cubrebocas.
Esa es una manera de interpretar los datos. Es cierto que las vacunas no son una armadura a prueba de balas y que pueden ocurrir infecciones posvacunación. Sin embargo, consideremos el hecho de que se estima que 60 000 personas se reunieron en Provincetown durante las celebraciones del 4 de julio. Los restaurantes, bares y fiestas en casa estuvieron repletos de personas. Algunos de los infectados reportaron haber tenido contacto cercano prolongado con otros. Otra conclusión de este evento es que fue la prueba de fuego definitiva de las vacunas, y la superaron con gran éxito: solo alrededor de 1.6% se infectó, solo siete personas fueron hospitalizadas, y nadie falleció.
Si a los asistentes se les hubiese informado de estas probabilidades con anticipación, es probable que muchos de los que tenían problemas médicos subyacentes o eran más reacios al riesgo hubieran tomado precauciones adicionales. Es posible que algunos de ellos no hubieran ido. Pero habrá quienes seguirían creyendo que el valor del evento era tan alto que habrían corrido el riesgo y no habrían cambiado nada.
Sin embargo, ¿Qué pasa con las personas que podrían no preocuparse por ellas mismas, pero que viven con familiares no vacunados o inmunodeprimidos? Esa es la situación en la que me encuentro, con dos niños pequeños. Mi esposo y yo somos cuidadosos por ellos. Mi consejo para aquellos que comparten nuestra situación es que continúen con las actividades que les interesen mientras reducen los riesgos. Sal a comer a un restaurante, pero procura que sea un sitio al aire libre. Mantén tus planes de vuelo, pero utiliza un cubrebocas de alta calidad todo el tiempo. Ve al gimnasio, pero durante las horas en las que no vaya tanta gente y tengas más espacio para ti.
Puede que haya eventos de alto riesgo que tengan un valor tan importante para ti que sientas que vale la pena la posible exposición. Si no puedes tomar precauciones durante el evento, cumple con una cuarentena de al menos tres días justo después y luego hazte la prueba. Quizás normalmente evitas las reuniones en espacios cerrados con personas sin cubrebocas y no vacunadas, pero puedes hacer una excepción por la boda de tu hermana. Tal vez hayas reducido en lo posible la cantidad de viajes de negocios, pero podrías asistir a una importante conferencia en persona. Considera tomar precauciones adicionales antes de pasar tiempo en espacios cerrados con familiares vulnerables.
Debemos ayudar a guiar a las personas vacunadas a que tomen las mejores decisiones para ellas y limitar cualquier restricción con aquellas que en realidad ponen en peligro la salud pública: las que siguen optando por no vacunarse.




