ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE IDENTIDAD Y NACIONALISMO

Escrito por:  Denesy Palacios Jiménez

Entender que el Perú es un país pluricultural y multilingüe, aún cuesta trabajo, y es que hablar de racismo en el Perú, es en realidad la discriminación por idioma, cultura y nivel socio-educativo. Gritarle a alguien cholo, serrano o indio, equivale a decirle ignorante, sucio o marginal. De pronto vemos que el dinero blanquea, pero tendrá sus límites en el origen socio-económico y los lugares exclusivos frecuentados. Lo cholo aún conflictúa a los peruanos, a veces conviene serlo y a veces no. Se es más o menos cholo en relación al otro. Es mejor ser un cholo limeño que un cholo puneño o alto andino, por otro lado, la estética occidental aun es hegemónica; se multiplican las cholas rubias y los cholos metrosexuales. La publicidad impone arquetipos blancos en la sociedad de consumo, y eso lo podemos ver en los grandes carteles publicitarios de los grandes centros comerciales, por ejemplo.

Así mismo, vemos que el cholo con dinero desprecia al cholo misio. Las mentalidades oscilan entre el “mejorar la raza” y acumular más recursos para ser (auto)aceptados.

 Aníbal Quijano señala que, a pesar de todo, el paradigma racista y eurocéntrico se acaba. Encontramos cada vez que hay más denuncias contra el racismo, que evidencian una mayor conciencia sobre los derechos. El activismo y la mirada vigilante contrarrestan estas prácticas; y los discursos de igualdad social cobran mayor fuerza. Lo políticamente correcto, deja de ser sólo discurso, y ya presenta resultados.

Esta polarización política vivida en las últimas elecciones generales, no solo presentan a una nación dividida y fracturada, sino que son el reflejo de la situación social, económica y cultural que vivimos, producto de los modelos económicos imperantes, que no tomaron en cuenta esta problemática, y del centralismo galopante, donde la corrupción ha socavado todos los niveles de la administración pública, y es allí donde están las consecuencias de la poca atención del Estado hacia las poblaciones alto andinas y amazónicas, que lógicamente constituyen generalmente los sectores de ingresos más bajos, o lo que es peor, la gran cantidad de desocupados, que no conforman la PEA, y hacen de ellos la gran cantidad de poblaciones vulnerables, a la pandemia y al surgimiento de conflictos sociales, y por supuesto esto no se soluciona con BONOS asistencialistas momentáneos, sino que requieren atención inmediata, en cuanto a la satisfacción de necesidades básicas, educación de calidad, seguridad ciudadana, respeto a los derechos más elementales como es la dignidad humana, a la necesidad de generación de trabajo, con modelos económicos autogestionarios.

El problema ya no es tanto la raza en sí, sino la condición de ciudadano o sujeto de derechos reconocido (la historiadora Cecilia Méndez sugiere una ciudadanía étnica). Ser alguien representado verdaderamente ante el Estado. Sin embargo, como apunta el psicoanalista Jorge Bruce, el racismo sigue siendo un poderoso y omnipresente organizador de la vida de los peruanos. Una experiencia que aún contamina las interacciones cotidianas.

Ningún país de América Latina está libre de la utopía del blanqueamiento. Ni los que han tratado de construir su identidad nacional a partir de la idealización del mestizaje.

Como corolario de lo vertido, quienes defienden al Perú en los conflictos, son precisamente los que aún tienen sus características étnicas de nuestros ancestros andinos, y aún vemos que gran cantidad de la tropa de nuestro ejército, de nuestra policía nacional, de nuestros ronderos, presentan estas características somáticas; quién sabe es por eso que defienden el territorio de la contaminación de las grandes empresas extranjeras, autorizadas por un gobierno central, ajeno a la problemática que viven los pueblos del interior, pues sólo ven la bonanza económica para la élite gobernante y los grupos más cercanos. Ya Basadre, años atrás, nos decía que uno de los problemas era la falta de unión entre los peruanos, y citaba esto para referirse a que perdimos el conflicto con Chile por la desunión, y porque tipos como Piérola estaba más interesado en la toma del poder, que en defender su patria, de allí que la identidad esté muy ligada con las corrientes nacionalistas.