Escrito por: Jorge Cabanillas Quispe
A esta hora, en la calle, el malestar es general. El miedo al contagio de coronavirus no pudo contener la indignación de millones de ciudadanos que sienten, una vez más, que fueron timados de una manera descarada, que esta nauseabunda clase política ha mandado al abismo a la esperanza y nos ha metido en un fango en el que no merecemos estar.
A esta hora, Rafael, como muchos de los peruanos recuerda a un personaje de Conversación en la catedral y se pregunta si algún día dejaremos de estar jodidos. Por qué seguimos tolerando a estos miserables, por qué cada cinco años vamos a las urnas a hacer un experimento de error.
Rafael piensa en el último quinquenio, piensa en ese maldito momento en que tuvo que ir a las urnas y verse obligado a escoger el mal menor. Recuerda la rabia que sintió cuando se enteró de los “negociazos” de PPK, recuerda esa noche cuando a vísperas de Navidad se dio un indulto ilegal al dictador Fujimori. Piensa en Vizcarra y se pregunta una y mil veces por qué tuvo que mentir, por qué entre su círculo más cercano se encontraban personajes como Swing o Karem Roca, por qué manejó de esa manera tan desastrosa el país.
Repasa los diarios; todos parecen indignados por la vacancia, vacancia a la que muchos de esos medios dieron argumentos morbosos y faranduleros. Es cierto, se dice a sí mismo, a Vizcarra deben investigarlo y apresarlo de ser necesario, pero debieron esperar a que terminara su mandato como lo establecen las reglas básicas del debido proceso. Recuerda a su abuela quien falleció poco después del cierre constitucional del Congreso, hoy sus palabras resuenan más que nunca: “Vas a ver que el próximo Congreso, será peor que este…”. Él no creía que algo así podría ocurrir, pero ocurrió. Hoy todos somos testigos de cómo ese conjunto de seres infames enquistados en el Congreso ha destruido completamente la estabilidad del país porque, claro, a estos zánganos no les importa los miles de muertos a causa de la covid; no les importa, como tampoco le importó al Ejecutivo saliente, destruir todas las arcas del estado en pro de sus intereses. Son vivos para interpretar, malinterpretar mejor dicho, la Constitución como les viene la gana, pero son una bestias confesas cuando tratan siquiera de articular una oración.
Trata de seguir buscando entre los ejes del poder el porqué de esta situación y recuerda al Poder Judicial, poder que se ha convertido en un dispensador de primicias para la prensa. Sabe que siempre fueron corruptos, pero ahora se han convertido descaradamente en los urracos de la prensa nacional.
¿Y nosotros?, se cuestiona. Nosotros cometemos el peor error cada cinco años, nosotros que hoy tratamos de salvar en la calle al país que no supimos defender en las urnas, nosotros que votamos por quienes nos entreguen regalos bonitos o por el más pueblerino de todos. Nosotros también somos culpables porque durante las últimas semanas estuvimos pendientes de otros temas: de si dejaron o no coja a la Sra. Sheyla Rojas, si Lapadula comió ceviche o no, si Farfán ya tiene nueva novia. Nosotros hemos ayudado a esos tipejos a enquistarse en el poder y saquear el país. Nosotros buscamos nuestra derrota cada cinco años, porque acá prima la viveza, porque nos acordamos de la unión cuando juega la selección; porque ahora mismo en las manifestaciones en las que alzamos nuestra voz para decir que no nos merecemos esto, un grupo de pillos políticos muestran su rostro y buscan los votos necesarios para llegar al poder.
Rafael recuerda que su abuelo le hablaba del expresidente Fernando Belaunde de quien decía que era un hombre decente y que fundó un partido con principios y busca un video, de repente la imagen del expresidente aparece y su voz, que le habla a sus correlegionarios, resuena: “Si cumplen sus deberes partidarios y patrióticos, si luchan por la permanente implantación de la democracia, estarán recibiendo desde el más allá el eco de mi voz fraternal y aprobatoria”.
Lamentablemente, piensa, ni ese mensaje ni su doctrina, le llegó a su bancada ni a muchos de los que militan en Acción Popular. Siente que ese partido del que le hablaba su abuelo ha sido vilmente secuestrado por impresentables que se niegan a escuchar el eco histórico de su fundador y el eco del repudio popular.




