Quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona

Escrito por Guadalupe Vela

Plaza de Acho sin toros, es lo que aprobó el Concejo Municipal de Lima ordenando que ningún inmueble de Lima será utilizado para espectáculos de tortura animal.

La Plaza de Acho fue construida el año de 1766 y es considerada la más antigua de América y ahora se ha convertido en el albergue para personas en situación de calle, durante la pandemia por la COVID-19.  En febrero el Tribunal Constitucional dictó que las corridas de toros, son una manifestación cultural del Perú y estarían exceptuadas de la ley de protección animal.

¿Cuál es el límite entre la cultura y la violencia? Toda actividad cultural evoluciona en el tiempo, efectivamente, como en tiempos de Roma ya no se queman ni se ejecutan personas. Las corridas de toros es un espectáculo donde hay violencia, sangre y muerte no únicamente de animales, sino también de humanos, y sólo es legal en ocho países del mundo. Se obliga a los toros a estar en un ambiente hostil y enfrentarlos para “poner a prueba” su instinto animal de sobrevivencia. Como si en estos tiempos fuésemos Tarzán. A pesar que el Ministerio de Cultura, no reconoce la tauromaquia como cultura, pues implica daño y muerte, quienes frecuentan estos eventos insisten en llamarlo arte.

La Plaza de Acho, hace mucho redujo su popularidad, son pocos quienes asisten a la afición pura y dura, pero muchos quienes van, porque ir a ver toros es “fashion”, respondiendo a un tema de estatus social. El interior del Perú no es ajeno a este tipo de celebraciones, en distritos como Baños, en la provincia de LLata sus autoridades invirtieron el presupuesto público para la construcción de una plaza de toros, antes de cubrir necesidades como educación o salud.

Esta última posición que demuestra la Municipalidad de Lima devuelve un poco de esperanza para humanizarnos y renueva el compromiso que, desde los espacios sociales y públicos, podemos actuar correctamente.