YO PENSABA QUE TENÍAN H…

Mientras caminaba sonseando por la Plaza Mayor, mirando de un lado a otro y cuidándome de que las palomas no disparen sus excrementos sobre mi pelada cabeza, escuché que alguien me llamaba. Cuando di la vuelta, reconocí a un viejo amigo que se encontraba sentado en una de las bancas. Levantando la voz me invitó a que me sentara a su lado y, como soy obediente, le hice caso.
Después de conversar sobre algunos temas de actualidad y reírnos de algunas anécdotas, me dijo: «Recuerdo que el año pasado leí en el periódico que un representante de la municipalidad había declarado, con bombos y platillos, que daban un tiempo para que los dueños de las empresas que habían puesto sus paneles en el Malecón Alomía Robles y donde se mostraban propagandas de diferentes empresas huanuqueñas, saquen dichos rótulos de allí y eviten así la contaminación visual; sin embargo, como te consta, dicha acción recién se ha hecho realidad este año. Un poco más, y yo ya no lo veía».
«No obstante existen todavía algunos avisos que continúan con la contaminación visual y como seguramente el dueño de esos carteles tiene más poder que los demás, se está demorando su demolición; ojalá nomás que no tengamos que esperar algunos años para que los que dieron dicha orden cumplan con lo planteado».
Después de un breve silencio, continuó con su discurso, diciéndome: «La semana pasada leí que el alcalde ordenaba a los que ocupan el Mercado Viejo a que lo desocupen y les daba un plazo de setenta y dos horas».
«Cuando leí eso, me emocioné. Y después de la lectura de dicha noticia comencé a imaginar todo ese espacio libre, desocupado, sin ambulantes ni comerciantes».
«Recordé el parque de La Libertad. Lugar del cual tengo vagos recuerdos, y que guardé en mi memoria casi como una fotografía después que leí la crónica del doctor Virgilio López Calderón. Quien explica, como él solo lo sabe hacerlo, cómo fue ese espacio. Me imaginé a la estatua de La Libertad (que ahora se encuentra colocada en la plazuela Santo Domingo), una vez más ubicada en esa pequeña plazuela que existía frente a la iglesia, pensé en las áreas verdes, me vi sentado en una banca contemplando la torre de la iglesia de la Merced, y rogando al destino para que no se venga abajo, tal como sucedió con la torre de San Cristóbal».
«Deseé con toda mi alma recorrer por los pasillos, de lo que se dice que fue el monasterio de los mercedarios, pensé en los frailes que recorrían sus pasadizos, los imaginé entrando a sus celdas. Aluciné escuchar las campanas llamando a la tercia, la sexta o a la nona a los religiosos quienes, dejando sus celdas, con sus manos metidas en los hábitos, se trasladaban a rezar. Mientras estaba fascinando con esas ideas, se acabó ese día».
«Al siguiente día, todos mis sueños se me vinieron al suelo cuando volví a leer y escuchar en los medios de comunicación que nuestra autoridad, después de conversar con los dirigentes de dicho mercado, suspendió la desocupación y eso, pelado del alma, estoy seguro de que es porque le faltan huevos a él y a todos sus consejeros. ¿Crees tú que alguna vez logren ordenar ese espacio? Si lo consiguen, te aseguro que ordenarán los alrededores del mercado Modelo, liberarán Shillacoto y Huánuco será diferente, aunque para ello tenga que prestarles el racimo que yo tengo».
«Dudo que ello se haga realidad y creo que es más fácil que el río Huallaga vuelva a revivir a sus cachpas, sus tapacos, sus huascachos a que nuestras autoridades hagan eso y, si lo realizan antes de que me muera, te prometo que me saco los seis que me quedan y se los regalo a los que hagan realidad ese sueño y así, en otras oportunidades, cumplan sus promesas sin miramientos».
Después de contarme eso, se levantó y se despidió, pero me suplicó que no escriba su deseo y, como yo soy obediente cuando me conviene, no le estoy haciendo caso. Ahora solo espero que si las autoridades hacen realidad el deseo de mi amigo, estoy seguro que de muchos huanuqueños, él no cumpla con su promesa.
Las Pampas, 19 de mayo de 2016