Arlindo Luciano Guillermo
La neutralidad de Internet, las redes sociales y la IA es una utopía y una imperdonable ingenuidad. Si instruyo con precisión al ChatGPT para que elabore un soneto endecasílabo con rima consonante y cruzada, que tome como modelo a Garcilaso de la Vega, Góngora o Shakespeare, en cuestión de segundos, lo hace.“Llanto sin orillas / lloras por el pan / lloras por el vino / lloras por la sombra / que nunca ha venido. / Lloras por la llave / que no abre el camino / por flores marchitas/ y un beso dormido. / Lloras por el agua / que no has bebido / por miedo a la noche / por miedo al rocío”. Estos versos fueron generados por inteligencia artificial. El ChatGPT es “un poeta”. Su presencia diaria no se puede ignorar ni ocultar. El pensamiento crítico es la habilidad del lenguaje y de la conciencia para no caer en las redes esclavizantes de la IA. Una tesis universitaria y una monografía de investigación, producidas por IA, ¿deben ser aprobadas o reprobadas?, ¿es copia, o plagio?, ¿el jurado debe descalificarlas? Es una controversia que se resuelve con regulación legal y código ético. “El gobierno de Dina Boluarte encarna autoritarismo, corrupción y desconexión total con el pueblo, reprimiendo la protesta legítima, protegiendo intereses ajenos y hundiendo al país en una crisis moral, política y social”. Es una versión crítica de la IA. El ChatGPT es “un opinólogo político”.
Le pedí al ChatGPT una receta de cómo prescindir de compañías tóxicas y una explicación de por qué la gente se deprime severamente. Me dio la respuesta al detalle como un “experto psicólogo”, con doctorado en Harvard. Hice un par de singles musicales con versos sencillos, música pegajosa y de rápida adherencia en el oyente. Lo que no puede hacer la IA es sentir ni pensar como yo. La inteligencia artificial me preocupa: 1. Novedad que no puedo dejar de admirar ni usar. 2. Me ayuda en algunas tareas de urgencia. 3. Perplejidad natural ante una tecnología que podría ser perjudicial o beneficiosa. 4. ¿Hay algo más audaz en tecnología que la IA? La IA tiene mucha utilidad en mi vida profesional y académica. Corrijo textos con IA, afino el ritmo de la prosa con voz de lector automático. He leído el discurso del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, autor de Los nombres de Feliza (2025), titulado Instrucciones para no ser sonámbulos: inteligencia artificial, ciudadanía y democracia, compartido en el Congreso Empresarial Colombiano, publicado en El País (17-8-25). Me alejo por un momento de leer literatura y poesía.
Al comunismo sobreviviente, al fanatismo religioso y a las apócrifas democracias, se suman otros peligros para la sociedad del siglo XXI: las posibilidades enormes de la IA como instrumento global de manipulación de voluntades, polarización ideológica, el cambio climático ascendente, la amenaza de la guerra nuclear y la concentración de poder tecnológico. Los fake news tienen un impacto poderoso en la ciudadanía. Dice Juan Gabriel Vásquez: “La tesis principal del autor [un filósofo de Hong Kong] es que nuestras democracias asisten a una crisis inédita en la cual la realidad ha sido reemplazada por una sugestión, los estados emocionales se inducen con fines políticos, el pensamiento crítico se apaga o se anestesia por una mezcla rara de entretenimiento constante y crispación fabricada, y nuestra percepción del mundo se falsea mediante el secuestro de nuestra atención y el estímulo constante de nuestros sentidos”. ¿Está en riesgo el pensamiento crítico de los ciudadanos? ¿Quién es Jianwei Xun? ¿Es un hongkonés de carne y hueso? ¿Es una creación de la IA? ¿Es cierto que escribió el libro Hipnocracia? Es posible que sí en la era digital. Ignorar la IA es una miopía tecnológica. La IA tiene admiradores, apologistas y detractores. Puede resolver necesidades de generación de información, pero también puede ser un indetenible depredador de la creatividad, el pensamiento crítico y la sensibilidad personal. El uso de la IA exige responsabilidad ética y respeto por la salud mental de los usuarios. Es muy fácil hacer un single, una bachata sentimental o una balada romántica. ¿Y la autoría? ¿Los derechos de autor? La IA jamás podrá producir poesía con la sensibilidad y vitalidad de Vallejo, Neruda o Cárdich. Un poeta usa como insumo su vida personal, su entorno social y familiar. La IA no tiene emociones ni afectos, solo patrones y algoritmos.
La polémica sobre el uso, beneficio y riesgo de la IA está abierta, mientras millones de ciudadanos, de todas las latitudes, culturas y lenguas, usan ChatGPT, sus variantes y aplicaciones. Discuten con argumento o emoción usuarios no especializados, gurúes y expertos de la tecnología y empresarios multimillonarios y países que buscan hegemonía (EE. UU, China, Rusia) sobre la IA. Frente a este vendaval -la IA- solo queda estar preparados para usarla, rechazarla o adoptarlasin sumisión ni servidumbre. El pensamiento crítico y la lectura interpretativa (no literal) permitirán que no seamos víctimas de la manipulación, la demagogia y las noticias falsas. Dice Juan Gabriel Vásquez: “…después de haber leído con admiración la crítica que Jianwei Xun hace de la inteligencia artificial, fue descubrir que Jianwei Xun no existe: fue creado con inteligencia artificial”. Es un filósofo ficticio. El astuto creador fue otro filósofo: el italiano Andrea Colamedici que utilizó dos inteligencias artificiales: Anthropic y ChatGPT. Le dio una “identidad ciudadana y una categoría intelectual”. Jianwei Xun da entrevistas, publica libros, defiende sus teorías a favor o en contra de la IA. Él puede polemizar con Sócrates, Nietzsche, Sartre, Camus o Byung-Chul Han. Jianwei Xun es unexperimento “filosófico, cultural y mediático” de la IA. Así se podría crear otro Hitler, Stalin, Mao, Hugo Chávez o Fidel Castro; tal vez a Cristo, Mahoma, Buda o Aquiles. ¿Quién controla la “natalidad virtual”?
En El País (7-4-25): “Jianwei Xun, el supuesto filósofo detrás de la teoría de la hipnocracia, no existe y es un producto de la inteligencia artificial”. Es autor del libro Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad. Raúl Limón, autor de la columna de opinión: “… ¿realmente importa si fue escrito por inteligencia artificial? ¿O, como en este caso, cocreado con IA? ¿Podría este modelo sentar las bases para una nueva forma de hacer filosofía? De ser así, el exitoso experimento de la Hipnocracia nos enseña algo importante: también podemos tener una relación activa con la IA y, sobre todo, podemos usarla para aprender a pensar». Andrea Colamedici argumenta: “«El objetivo de Hipnocraciaera crear un experimento filosófico y una performance artística para poner de relieve los riesgos y peligros del uso de la inteligencia artificial mediante la creación de un libro que dijera cosas en las que yo mismo creo y he escrito”. Es el inicio; todo es posible con la IA. El problema no es la IA, sino cómo y para qué la usamos. Dice Juan Gabriel Vásquez: “Yo les propongo que escuchemos a Jianwei Xun. Es verdad que el pobre no existe; pero tal como están las cosas, ese puede ser el menor de sus defectos”.




