Muy conocidas son las malas relaciones entre el gobernador Juan Alvarado y el vicegobernador Erasmo Fernández, quienes desde que ganaron la contienda electoral terminaron rompiendo palitos.
Por un lado, el señor Juan Alvarado se volvió soberbio e “omnipotente”, y no le daba oportunidad alguna al vicegobernador de siquiera tener acceso a temas importantes de la institución.
Las cosas suceden por algo dicen, y esta vez, Fernández ha sido clave para denunciar algunas de las enormes irregularidades de esta gestión regional. Irregularidades como supuestos malos manejos, coimas y “coimisiones”, e incluso “cambalaches” de obras que se han hecho entre gestiones regionales, como el de Huancavelica y otras más. Mejor dicho, yo paso una obra y tú me das otra, “así la gente no sospecha” piensan los ilusos corruptos.
Tanto la Fiscalía, como la Contraloría, han recibido serias y abundantes denuncias de corrupción, pero como ya sabemos… no pasa nada. Por supuesto que no se puede generalizar, hay administradores de justicia que no son corruptos, como también hay los que sí lo son. Y al parecer son estos últimos los que han estado viendo muchos de los casos de Alvarado. Es más, hasta hay la volada de que existirían audios de estos funcionarios del Ministerio Público. Esperemos que solo sea una especulación, pero realmente de esta gestión regional se podría esperar todo.
Por otro lado, y algo que da luz de esperanza a la ciudadanía, es que en otros lugares del Perú, la justicia sí está haciendo un mejor trabajo. Varios gobernadores y alcaldes están cayendo por corrupción.
Probablemente, la diferencia es que sí hay más identidad y amor por su tierra. Y si bien es cierto que, nuestra cultura informal y de la que, curiosamente, algunos se sienten orgullosos, es de alguna manera tolerante con la corrupción, en estos casos sí se debería de detestar. El mejor ejemplo que podemos describir es, que gracias a este accionar, cientos de miles de personas se han muerto en el país, muchos de ellos familiares, amigos o conocidos nuestros. Y los administradores de justicia, al estar haciéndose de la vista gorda, solo están respaldando la desgracia, muerte e impotencia generada por gobernadores, alcaldes y presidentes de la República corruptos.




